jueves, 19 de abril de 2018

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (20): EL NOMBRE DE LOS NUESTROS de LORENZO SILVA


SILVA, Lorenzo: El nombre de los nuestros (Destino. Barcelona 2001. 285 páginas + 1 hoja; Booket. Barcelona 2002. 284 pp; Planeta-De Agostini. Barcelona 2004. 284 pp; Somadil; Casablanca 2012. 247 pp.).
-          Carta blanca (Espasa. Madrid 2004.346 páginas; Booket. Madrid 2005. 346 páginas).

   Cuando Silva Publicó El nombre de los nuestros en 2001 ya era un autor conocido y ganador del premio Nadal del año anterior con El alquimista impaciente. Pero la novela que comentamos supuso un cambio en la temática de su narrativa, dejó el presente  y volvió la mirada literaria a la guerra de Marruecos. Por su manera original de abordarla, se puede considerar un hito en el ciclo narrativo de Annual que tiene un largo y discontinuo recorrido, autores dispares, visiones contrapuestas y grandes diferencias de calidad.

   Lorenzo Silva, que conoce los hechos y la bibliografía, aborda el argumemnto con dos características. Primero, sitúa la acción no en el campamento principal, sino en las posiciones avanzadas cercanas a la costa: Afrau, Sidi-Driss y Talilit. Los hechos principales sucedidos en Abarrán, Igueriben, Annual, Dar Drius, Monte Arruit, etc., solo se mencionan incidentalmente en la narración. Segundo, que se centra en la vida de los soldados en una posición apartada y no en los grandes jefes militares, los hombres sometidos a los rigores propios y a las situaciones más penosas como el blocao, la avanzada, la aguada diaria bajo el fuego enemigo, la sed y el hambre, la herida y la muerte. Esa guerra extraña a la que se veían sometidos: el maldito terreno forzaba esa guerra mínima y cruel, tan distinta de la que el teniente había estudiado en la academia de artillería. Era una guerra chapucera y fastidiosa, por la que no sentía ninguna curiosidad intelectual (página 105). El autor se ha informado de las peculiaridades de la convivencia cotidiana en una posición; ha consultado relatos y ha escuchado a los familiares de los que sufrieron la pesadilla, ha oído en su casa las historias del abuelo. Y lo reproduce con una fidelidad remarcable porque no lo que nos es auténtico al cien por cien, lo parece sin impostura. Aunque pule los diálogos y no cae en la recreación del habla de la época, como reconoce en el prólogo, he renunciado a imitar con absoluta fidelidad el habla probable de aquellos soldados, que para mi gusto habría lastrado el texto de un excesivo casticismo (página 7). Lo que es de agradecer después de haber leído relatos perjudicados por un habla pretendidamente cruda que posiblemente no fuera la que se utilizara.


    El sargento Molina es uno de los que ocupan Afrau. Un hombre recio, honrado, que procura mandar con justicia y sin distinciones. Que comprende la filosofía del cabo Amador, socialista, aunque no comparta ideología. Y que trata de adaptarse a las circunstancias para conservar la vida y proteger la de los subordinados. Aunque no entienda la guerra que libran: Venimos, conquistamos sus pueblos, y después de todo eso ellos siguen siendo tan pobres como antes, pero tiene que soportar que los que mandamos seamos nosotros (página 77). Una postura muy extendida entre los soldados, más ajenos a las componendas políticas que al instinto de supervivencia. Mientras en España se discutía con apasionamiento la situación en Marruecos: Uno compra el periódico y lo leen catorce. Y los catorce tienen opinión, cual si fueran generales desaprovechados (Página 70).



   Lorenzo Silva va creando una atmósfera de angustia, que es la que sintieron los soldados españoles atrapados en una posición y sin noticias del resto. Quiere reproducir la situación de  miedo, incertidumbre, desesperanza. Lo que parecía ser una posición tranquila, Afrau, con un blocao más peligroso, se va convirtiendo en una ratonera. Los españoles empiezan a tener noticias confusas, inconexas, de la caída de las posiciones avanzadas como Igueriben. Sienten después la presión insostenible de la harka rifeña. Les obligan a replegarse a Sidi Dris, otra posición más en la línea de costa, y en el camino los compañeros caen abatidos, los supervivientes sufren un fuego continuo que no pueden hacer cesar. La muerte es una compañera más. El lector entre en la tensión de la desesperación que los infantes españoles padecen. El autor transmite esa sensación con una redacción paciente pero eficaz. Los españoles sitiados son auxiliados desde los barcos de la Armada que procuran mantener al enemigo alejado. Pero todos saben que el asalto final se producirá.
   La incertidumbre, unida al hambre y sed, al calor insoportable, al pavor ante un final desastroso va mermando la condición humana de los hombres: A aquellos hombres ya ni siquiera les imponían los muertos. Llevaban tres días apartándoselos de encima, y el aroma macabro de su corrupción era el aire mismo que respiraban. De pronto caía un hombre, y cuando sus compañeros comprobaban que había dejado de alentar,  miraban primero si había agua en su cantimplora y después le quitaban el fusil y los cartuchos que le quedaban. Alguien lo arrastraba bajo el fuego hasta el depósito improvisado al otro extremo del parapeto y allí se quedaba olvidado. Con inconfesable crueldad, todos preferían eso, que el que cayera lo hiciera muerto y no herido grave. Un herido grave, como un muerto, significaba un fusil silenciado y un defensor menos, pero tenía sobre el muerto el inconveniente de exigir cuidados y estorbar a los combatientes que debían contener la hemorragia y llevarle a la enfermería. Allí le tumbaban donde cupiera y le hacían lo que podían, en pésimas condiciones. Ya no quedaban vendas, ni desinfectantes, ni anestésicos (página 170).
Posición de Afrau en la costa del Rif
   La historia es conocida y se puede adelantar sin miedo a boicotear la novela. Afrau es evacuado por la Armada, pero Sidi-Dris perece. Silva detalla los hechos, nos pone en la situación del soldado cuyo único objetivo es salvar la vida. El final es la supervivencia, no cabe ya más disquisición política, humanitaria o filosófica. El enemigo es cruel y no atiende a criterios de piedad. La descripción del momento es brillante.

   Podía haber acabado la novela en ese momento histórico, pero el autor prefiere añadir dos capítulos sobre el cautiverio de lo algunos supervivientes, y el rescate final casi dieciocho meses después. La novela no da nombre auténticos, aunque es fácil reconocer a algunos personajes. Prefiere el anonimato para que la situación quede despojada de la crítica de los hechos verdaderamente sucedidos y de la responsabilidad de algunos militares. Pero la descarnada descripción de los mismos, incluso más suave que la pura realidad, es la que le da a la novela la fuerza que necesita el autor para convencer al lector.

   Tres años después Lorenzo Silva volvió a novelar sobre el Rif en la primera parte de la novela Carta blanca (2004). También tras la derrota de Annual, el escenario es en este caso la zona próxima a Melilla, Zeluán y Segangan. Pero ya no se centra en la campaña sino en el deseo de venganza que mueve a unos legionarios y que acabará en Badajoz en 1936. Los héroes del Rif acabarán siendo los villanos de la Guerra Civil. Los legionarios de la primera parte del libro se parecen mucho a los abnegados soldados de El nombre de los nuestros, pero la vida es larga y el sufrimiento mucho. Carta blanca es una novela que recupera un género de aventuras bélicas que ha sido muy poco usado en España, donde las novelas bélicas tienden a la crítica social o política. La lucha por la supervivencia, hace que el soldado tenga que elegir entre matar o morir y deja aparcadas para otro momento las consideraciones intelectuales. Las aventuras bélicas en el norte de África tiene algunos –pocos- antecedentes en la literatura contemporánea española; podemos citar El fuerte de los vencidos (1953) de Gloria de Gaspar, Las últimas fronteras (1962) de Luis López-Nuño o La montaña de los guerrilleros (1967)  de Luis Monreal Agustí.




jueves, 5 de abril de 2018

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (3): LA CARGA de JUAN TOMÁS ÁVILA LAUREL


ÁVILA LAUREL, Juan Tomás: La carga (Palmart/Cooperación Española/Centro Cultural Hispano-Guineano. Valencia 1999. 79 páginas).

   Ávila Laurel es ya uno de los escritores guineanoecuatoriales más importantes. Tiene una producción amplia y ha sido traducido a varios idiomas. Nació en Malabo en 1966, dos años antes de la independencia, y vive en España. Empezó publicando en ediciones modestas del Centro Cultural Hispano-Guineano de su ciudad natal, que fue el germen de algunos de los escritores del país. Primero poesía: Poemas. Ramblas (1994), Historia íntima de la humanidad (1999) y teatro: Pretérito imperfecto (1991) y otras. Se inicia con el relato con Rusia se va a Asamse (1998) y con otras obras posteriores de mayor madurez: Avión de ricos, ladrón de ceros (2009), Arde el monte de noche (2009), etc. Y cultivó el ensayo en El derecho de pernada (2000) o Guinea Ecuatorial: Vísceras (2006). Se le puede seguir en su blog http://www.fronterad.com/?q=blog/18  Y, para conocer mejor su vida y obra:  http://www.guineanos.org/index.htm

   La novela colonial está llena de mitos coloniales y mitos anticoloniales. Es lógico porque son los símbolos en los que se sustentan los argumentos según el proyecto intelectual y estético del autor. Estos arquetipos no responden a creencias exactas sino que se trata de recursos sobre los que desarrollar un argumento. Ávila Laurel los usa aunque su novela no abunda en esto. La simpleza del relato del buen colonizador queda sintetizado así: Siempre se creyó que la vida de un blanco en tierras africanas se sujetaba al patrón descrito y pregonado por los curas y maestros de la primera época de las incursiones coloniales: trabajo, casa, misa de los domingos y festivos, y algún paseo por campos y playas, pero mientras abrimos los ojos nos vamos dando cuenta de que las diferentes maneras en que las circunstancias del mundo influían en aquella, forjaban su carácter y hasta muchas veces los despojaban de este aire de seres distintos con que siempre los han visto los nativos (página 14). Queda claro que el colono se engrandece en la colonia, que un peninsular podía llegar a ocupar un estatus alto en Guinea. Pero no rehúye la imagen del guineano sumiso: …bastaba en aquella época ser visitado o saludado en público por tan alta autoridad para sentirse protegido, amado y valorado. Una mano que se va, otra que se extiende para gestar una amistad privilegiada, aunque siempre hay voces que afirman que la pobreza nunca se casará con la abundancia (página 34). Los escritores africanos, al trabajar los relatos con caracteres generales pueden caer en un vicio muy comercial que es  construir novelas exóticas para el divertimento de lectores occidentales con ganas de descubrir paisajes originales.


   La carga es un relato fresco de la vida en Mbini (río Benito para los españoles) a principio de la década de los 40 del siglo XX. De la convivencia pacífica, aunque estratificada verticalmente, entre los europeos y los originarios del lugar. Los españoles siempre consideraron mejor a los pueblos playeros (usando la terminología colonial) que a los fang del interior. Las etnias de la franja litoral de Río Muni no sostuvieron guerras contra los colonizadores como hicieron los fang, posiblemente las sufrieran al igual que los españoles. En cambio, no fueron sometidos a la recluta forzosa, una de los episodios más denigrantes de la Guinea española. El fang fue el guineano menos querido por los españoles, al que consideraban mejor para el trabajo de bracero pero menos fiable.

   La novela es un relato cotidiano de la vida en el pequeño poblado. Los españoles que trataban de adaptarse como podían a la vida africana, sufriendo molestias hasta entonces desconocidas como las niguas. Y los guineanos que procuraban aprovechar las ventajas de la presencia española. Tiene humor, ironía sobre la reducida sociedad benita: Pero, ¿existía filosofía en Río Benito? Si comer, beber y trabajar para que los niños tengan un buen futuro es la esencia o la razón de ser de la filosofía, nadie puede dudar de que los habitantes de este lugar ejercían tan alto saber  (página 50). Una sociedad de las pequeñas cosas cotidianas, de la lucha por la existencia. Una novela sin un argumento principal claro, pequeñas historias que se cruzan para dar una imagen  global: … si los escritores no dispusieran del libre albedrío para circular libremente por la senda de la creación literaria (página 55). Y que termina con un sustancioso diálogo entre españoles sobre la idea común de colonización y la razón de la presencia española, resumida en una frase: Venimos principalmente porque ya no queda nada sin dueño en Europa y lo que hay aquí, aunque es de estos negros, todavía podemos cogerlo sin que ellos se den cuenta y se enfaden. Así las cosas, lo menos que podemos hacer es agradecer que todavía son ciegos; por eso, no entenderé nunca como os asquea su ignorancia cuando es gracias a ella que os llaman señor y jefe (página 75).





viernes, 23 de marzo de 2018

MARRUECOS EN LA NOVELA LEGIONARIA (6): ¡LOS QUE FUIMOS AL TERCIO! de JOSÉ ASENJO ALONSO


ASENJO ALONSO, José: ¡Los que fuimos al Tercio! (Editorial Miguel Albero. Madrid 1932. 379 páginas).
   José Asenjo reunía en su persona dos cualidades que le hicieron testigo de importancia en los acontecimientos de Annual. Primero por ser redactor de El Telegrama del Rif, el diario melillense imprescindible en las campañas marroquíes. Segundo porque en aquellos días era capitán de La Legión. Son datos biográficos que le ponen en el lugar de los hechos, que tuvo la ocasión de recoger testimonios y relatos y que supo de primera mano hechos relevantes y otros no tanto de la historia bélica de España en los años veinte del siglo XX. Eso no quiere decir que escriba bien, aunque cuente detalles originales.

   La novela está dedicada  A los muertos de La legión, de ese Tercio, más español que extranjero, en Marruecos, verdaderos soldados desconocidos, de todos los pueblos y razas, sin lápidas ni monumentos alegóricos bajo “Arcos del Triunfo”, ni exaltados en “novelas sonoras” ni películas tremebundas; rara selección de hombres rebeldes y cobardes en la paz, abnegados y poetas en la guerra, que con una elegancia y un heroísmo sin límites supieron ir sembrando de nombres gloriosos y cruces simbólicas la ruta, invertida, del calvario de Annual. Y en esta dedicatoria está la intención y el resumen de la personalidad de los personajes que aparecerán. La Legión como redención y como oportunidad para personas que perdieron el pie en la sociedad pero que merecen otra oportunidad. Estos hombres desarraigados, perdidos en el mundo, adquieren una buena dosis de autoestima al integrarse en el tercio; eso dice el autor de la novela como moraleja subyacente en el relato: ¿De dónde nace ese espíritu de hidalguía, de caballerosidad, que a los hombres de La legión anima? Pues nace de un poderoso y elevado sentimiento de amor propio, de afectos fraternos y de fe inquebrantable en los propios valores morales, unido a un exaltado concepto de lo que valen en la guerra la lealtad y la disciplina, que ha sabido inculcarles un hombre mitad ídolo mitad caudillo, de verbo cálido y corazón ardiente (página 73). Personas que, si se las coloca en el lugar adecuado en el momento oportuno, se revelan como seres nobles, desprendidos y de conducta heroica.

   El principal defecto de estas novelas es que son poco novelas. Perdone el lector si llamamos novela al conjunto un tanto macizo, de todas estas páginas que te esperan… (página13), nos advierte el autor.  Son grandes reportajes de un cuerpo recién creado, atractivo para el lector que todavía no lo conocía, pero  donde la acción, la intriga o el hecho de ficción que puede servir de pegamento no tienen cabida. El autor no es un novelista, es un periodista propagandista.  Porque en la literatura colonial, como ya señaló en 1931 Eugène Pujarniscle, hay un deseo de explicar una situación por parte de los colonos o militares que se creían incomprendidos o poco valorados. Muy explícito y directo:    Pero a la mayoría de los españoles no se les ocurrió otra cosa que creer que estas cuestiones de África eran obra simplemente de los militares, como si Marruecos fuera un extenso campo de deportes que la oficialidad hubiera hallado al otro lado del Estrecho para jugar a la guerra, ascender y obtener cruces, mientras sacrificábase la juventud española. Bien está que los discípulos de Marx y de Lenin incluyeran en sus programas el abandono de este problema, aunque resulte extraño que esos hombres tan humanos e igualitarios se opongan a principios de socialización y de cultura en provecho de pueblos y razas humildes… lo malo es que políticos de los partidos liberales y conservadores, que alternan en el Gobierno, volvieran la espalda a esta cuestión marroquí hasta el punto de ostentaron lema casi común: “Ni un hombre ni una peseta más”, ignorando que la mayor parte de estos problemas coloniales encierran, en principio, un problema militar que no se puede resolver a medias (páginas 143-144). Y remataba en una afirmación asumible por cualquier novelista patriótico del hecho de Annual: La rebeldía de los indígenas no se puede acallar, de momento, con escuelas y dispensarios médicos (página 144).
   La novela es un recorrido por el camino de los alistados. Buenos Aires, el barco, Ceuta, Dar Riffien, la guerra, el hospital... Una novela de situaciones, de sentimientos. Un poco larga para lo que cuenta, aunque sean noticias de la primera hora legionaria.   Asenjo la construye según su propia experiencia, es decir como periodista. Reúne a cuatro diferentes personajes de Buenos Aires que se alistan al banderín que puso El Tercio en el Consulado español. Cada uno con su propia historia, con sus motivos más o menos ocultos o vergonzosos. Y narran las aventuras en supuestas crónicas enviadas a periódicos extranjeros. Arquetipos de gente aventurera y sin nada que perder: Un delincuente alemán homosexual, un cura secularizado, un francés borracho y anticlerical y un aristócrata español aventurero y jugador.

    No es una novela de guerra porque la acción principal no se desarrolla en el combate, sino en el campamento o cuartel. Largas descripciones de vida de soldado: tienda, marcha, enfermería, combate pero sin los detalles propios de una acción de guerra. Es la descripción de los hechos, sin darles la emoción propia de una novela, desde un bando combatiente. Por eso el libro se hace largo: no pasa casi nada. El enemigo se intuye, se habla de su manera de combatir, de su dureza pero sin el protagonismo que debiera. Aparece a modo de amenaza e infunde un temor sobre los legionarios españoles que contribuye a crear un ambiente de angustia: Confieso que la Legión y esta guerra son superiores a mis fuerzas y que los moros me inspiran un gran terror. Pobrecillo de mí si cayera en sus manos (página 128). El protagonista siente pavor ante métodos y maneras que el lector desconoce.
   Los legionarios siguen la ruta de la reconquista. Combaten en el camino de la derrota anterior desde Melilla. Como novela no tiene mucho interés, como testimonio de los primeros tiempos de La legión puede llenar la curiosidad de los seguidores del ese cuerpo militar.

viernes, 16 de marzo de 2018

LAS NOVELAS DE TÁNGER (10): NIEBLA EN TÁNGER de CRISTINA LÓPEZ BARRIO


LÓPEZ BARRIO, Cristina: Niebla en Tánger (Planeta. Barcelona 2017. 318 páginas. Cubierta de Elisa Mazzone).

   Niebla en Tánger, finalista del premio Planeta, no es una novela dedicada enteramente a Tánger pero tiene entre sus páginas escenas del Tánger colonial. La novela comienza con una simple historia de amor hasta que llega a la metanovela, al encuentro del libro que lee la protagonista y que se titula Niebla en Tánger, y es aquí donde aparece el Tánger desaparecido. La autora tiene el acierto de combinar dos estilos diferenciados (el de la novela antigua y el de la actual), algo de humor, ternura,  imaginación para combinar dos ficciones superpuestas, realismo y fantasía.

   Una mujer, aburrida de un matrimonio monótono, conoce ocasionalmente a un amante que desaparece. Para buscarlo se sirve de la novela que él leía, donde encuentra las pistas de su existencia, y que la lleva a Tánger. Tanto el relato contemporáneo como la novela que se desarrolla entre los años 20 y 50 del siglo pasado, tratan de enseñar el Tánger de los turistas. Como si fuera uno de esos programas de Españoles por el mundo o parecidos autonómicos, recorremos la kasbah, los zocos, los cafés pintorescos, las vistas al mar, los monumentos históricos… Una ciudad descrita para el que no la conoce vista por una mujer fascinada por un hombre de una noche pero al que sigue impulsada por una fuerza misteriosa. Es algo que se veía en las novelas exotistas de la época colonial, la fascinación erótica del otro misterioso.

   Es una novela de sentimientos. De lectura fácil, sin complicaciones en el uso de la palabra. Este tipo de libro tiene su público. Cada uno lee lo que quiere. Puede ser entretenida. Quizás descubra una ciudad y una época a los que no saben nada de Tánger. Pero no aporta nada original ni en la historia ni en el ambiente descrito.

jueves, 8 de marzo de 2018

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (19): ANNUAL y CÁRCEL DE SEDA de FRANCISCO CAMBA.


CAMBA, Francisco: Annual (Reus. Madrid 1946. 324 páginas).
-         Cárcel de seda (CIAP. Madrid 1920? 334 páginas; Renacimiento. Madrid s.a. 344 páginas; Novelas y Cuentos. Madrid 1933. 32 páginas)
    Francisco Camba, menos conocido que su hermano Julio, era un escritor y periodista de largo recorrido cuando quiso ser Galdós y copió el género y el estilo empezando a publicar en 1942 unos Episodios contemporáneos. A su muerte en 1948 dejó catorce de éstos. El octavo lo dedicó al desastre de Annual.

Francisco Camba
   Esta novela es un relato indirecto. Los personajes no están en el escenario sino que comentan los hechos desde distintas ciudades española. La novela se publicó veinticinco años después de la rota del frente rifeño y el autor conocía bien los pormenores de lo que sucedió y el final de todos los acontecimientos militares y políticos. No es una obra del momento, sino una recreación de cómo se vivieron los sucesos en la sociedad española.
   Los sucesos son transmitidos por el escritor com

o si estuviera mandando un despacho periodístico. No tiene mucha emoción, ni relato con tensión. Las aventuras galantes del personaje tampoco tienen fuerza, ni siquiera cuando se encuentra al marido de su amante.  Es una novela con poco interés y ya olvidada. Quizás en 1946, fecha de la publicación, los hechos estaban olvidados y convenía recordarlos. Pero hoy en día cualquier otra novela sobre el tema está más conseguida.

   Francisco Camba ya había publicado antes una novela de ambiente marroquí, Cárcel de seda (1920?). Un relato exotista de rapto y amor, increíbles historias que solo pasaban en la imaginación de los desconocedores del lugar, pero que tuvo tres ediciones a pesar de ser aburrida.

jueves, 15 de febrero de 2018

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (5): ¡MEKTUB! de GREGORIO CORROCHANO.


CORROCHANO, Gregorio: ¡Mektub! (Ed. Atlántida. Madrid 1926. 290 páginas. Portada de Bertuchi).


   Corrochano nació en Talavera de la Reina en 1881. Dejó los estudios de ingeniería por el periodismo y llegó a Marruecos como corresponsal de guerra del diario madrileño ABC. Allí hace amistad con algunos de los generales que luego propiciarían el alzamiento de 1936, especialmente con Sanjurjo. Aunque volvió a España tras las campañas marroquíes, es invitado por las autoridades franquistas a ayudar en las tareas de propaganda y vuelve a Marruecos. En Tánger fundó el diario España en 1938  y la Editora Marroquí, de la que fue accionista, hasta que la vendió en 1957. Volvió a Madrid para ejercer la crítica taurina, su mejor especialidad, y dirigir la enciclopedia Los toros que comenzara Cossío. Y en esta ciudad murió en 1961.

   Con estos antecedentes, se suponía que iba a escribir una novela de guerra afectado por la impresión del desastre de Annual. Pero optó por un discurso literario lleno de influencias francesas. Como tantos otros periodistas, seguramente Corrochano llegó a marruecos saturado de lecturas de escritores coloniales. Se creyó las historias de cafard, de solitaria desesperación, de épica de misión y de fascinación por lo nuevo. En su novela se ven influencias claras de autores muy famosos en la España de entonces: Pierre Loti, Pierre Benoit…; incluso de los que exploraban la etnografía y el gusto por lo indígena como Maurice Le Glay. Corrochano siguió esta línea porque le pareció original (ya abundaban los relatos bélicos) y seguramente más poética que los hechos militares y la crudeza de la sangre derramada.
Mariano Bertuchi: Calle de Xauen
   Corrochano podía haber escrito una novela de la guerra que él conoció, de todos los acontecimientos que sucedieron en torno a Annual. Al empezar la novela parece que ése iba a ser el camino; pero no es así. El capitán que llega al puesto siente la fascinación del Oriente (como pudo sentirla el propio escritor), pero ese oriente idealizado o falso del que luego hablará Said. Las cabilas se convierten en el Bagdad de Las mil y una noches. El fatalismo irremediable que resume en el título ¡Mektub! (Estaba escrito). La soledad del militar extranjero abducido por el embrujo de un mundo radicalmente distinto en el que la tradición y la magia se imponen a la razón, en el que la religión es norma de vida y se impone a la razón europea. Y, por supuesto, como en el mejor exotismo, el capitán cae enamorado de una bella rifeña surgida del paraíso. Soñará con la unión con la mujer, con el hijo, que es la imagen de una fusión ideal de razas y países como si el destino histórico de España fuera la confusión con Marruecos: El día en que España tenga un hijo con África, se unirán para siempre. ¿Qué más absorción?... Absorción, absorción, fundir las dos razas en una y raspara la palabra protectorado, que es, como para el enamorado, la timidez (página 237). Su idea era que la España cristiana absorbiera a Marruecos musulmán. Una idea simple y falsa. Entre otras cosas porque el concepto que tenían de la sociedad marroquí era falso como el exotismo mismo. En un pasaje, un personaje judío se lo hace saber al enamorado capitán: Viene ustedes con el prejuicio del moro. Sus costumbres perezosas, el silencio de sus patios, la molicie de sus asientos de lana, el misterio de la mujer tapada… Todo les atrae. Hasta su guerra. De Marruecos les interesa una parte, la más ruidosa. Pegado a cada pueblo moro, vive un pueblo hebreo. El hebreo comercia. ¿Por qué les interesa solo la guerra? Además ¿la guerra está en los fusiles o en el comercio? Creo que si nos prestaseis más cuidado, tendríais una importante vía, pacífica y amplia, que hasta ahora nadie utilizó, y una más completa visión de lo que aquí os retiene (página 254).
Gregorio Corrochano
   Porque la novela acaba con reflexiones políticas y críticas sin disimulo. Parece que el autor no tenía la obra planificada y la fue escribiendo según le surgía. El exotismo es derrotado por la información que se tiene ahora. La realidad vence a la fantasía. Salvo que la imaginación sea tan buena literariamente que haga que la obra perdure. Este no es el caso.


viernes, 9 de febrero de 2018

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (2): LOS CAMINOS DE LA MEMORIA de JUSTO BOLEKIA BOLEKÁ.


BOLEKIA BOLEKÁ, Justo: Los caminos de la memoria (Sial. Madrid 2016. 138 páginas). 
   Justo Bolekia es, usando la expresión Taiye Tuakli-Wosomu, un afropolitano. Los usa en la página 17 de su novela dedicado a un personaje. Es un africano que nace en su país pero estudia y vive en otro, habla varios idiomas, viste a la moda, trabaja fuera de su país de origen y muere también fuera. Bolekia, que ya tiene una larga bibliografía literaria y científica, es guineano y español, catedrático de la Universidad de Salamanca y académico correspondiente de la Real española. Escribe un bubi y en español, novela y poesía.

    Los caminos de la memoria (2016) es una novela original y diferente que sitúa al autor en lo más alto de la literatura guineana. Es una historia de bubis entre los colonos españoles, sin mitos coloniales ni heroísmo anticolonial. Es la vida de cada día contada desde la perspectiva de unos personajes que resultan singulares por la mezcla de realidad con fantasía al estilo de autores como Rulfo o García Márquez. La historia de Amalia Barleycorn, fernandina propietaria, Tyíramaka, Riita, Möhúu y otros bubis de Batete, de Baney, de Santa Isabel que vivían entre los colonos poderosos a los que evitaban tratando de eludir las imposiciones de párrocos, gobernadores o plantadores. Que convivían con los fernandinos y con el resto de una sociedad importada en tiempo de Clarence bajo el poder británico: fernandinos, factores, piratas, libertos, krumanes… En el centro los bubis señores de la isla:    porque llegaron otros amos que quieren borar todo lo que dejaron los primeros, los amos blancos, porque tenemos que vivir como lo que somos, unos negritos en tierras negras, oscuras y calamitosas,… (página 57). Un discurrir, desde el punto de vista local, con humor, poesía y escatología. Escrito sin desdeñar giros propios de la sintaxis guineana, con frases en bubi o en pichinglis y sin pararse a determinar exactamente el tiempo porque, en definitiva, el tiempo no importa, la vida se mezcla con la muerte y lo real con lo mágico. A los personajes de Bolekia, algunos podrán identificarlos con personas que vivieron los que conozcan bien el lugar y la época, viven una rebeldía interior, una libertad que no se domeña por normas o sermones. Entre el humor y la ternura, la novela deja una grata sensación de novedad y calidad.

    Bolekia sigue publicando su poesía en bubi y castellano en la editorial Sial. Su último libro es A Bépátto (2017).
  

Óleo de Ferrer Carbonell

viernes, 2 de febrero de 2018

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (18): KELB RUMÍ de VÍCTOR RUIZ ALBÉNIZ

RUIZ ALBÉNIZ, Víctor: ¡Kelb rumí! (La novela de un español cautivo de los rifeños en 1921) (Rivadeneyra. Madrid 1922. 304 páginas + 2 hojas).

   Víctor Ruiz Albéniz es un escritor peculiar y original. En 1908 llegó a Marruecos gracias a un empleo de médico que el conde de Romanones le consiguió en el Sindicato minero que iba a explotar los yacimientos de Beni bu Ifrur. Quería compaginar su profesión sanitaria con la otra que ejercía desde estudiante, el periodismo. Al llegar a las minas se dio cuenta de que no había minas, ni trabajadores, ni dispensario, ni nada parecido. Y se dedicó a conocer el Rif oriental, sus gentes, costumbres… De ahí le viene el seudónimo que utilizó en muchas ocasiones El tebib arrumi o médico cristiano.


   Ruiz Albéniz fue un escritor (en temas del Protectorado) de línea patriótica, convencido de la bondad de la colonización a pesar de los abusos que había que combatir, partidario de acudir a la guerra si no había otra solución y muy amigo de militares. Su amistad con Franco venía de esa época y luego fue uno de sus principales propagandista en la Guerra Civil. Es autor de ensayos como La campaña del Rif (1909),  El Rif (1912), Ecce homo (1920), España en el Rif (1921), Tánger y la colaboración franco-española en Marruecos (1927) y otros.

   También fue autor de tres novelas sobre Marruecos. Dos breves que ya comentamos http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com.es/search/label/Ruiz%20Alb%C3%A9niz
: La carga de Taxdirt y Bu suifa, ambas de 1914 y una larga -¡Kelb rumí!
   Kelb rumí es la metáfora literaria de su propio pensamiento colonial. Se concentra en la figura del médico –que el autor conoce de propia mano- como ejemplo de la labor benéfica de España en Marruecos, de la reacción violenta de los rifeños que no comprenden ese beneficio y la guerra como resultado final en la que se acaba imponiendo la parte más fuerte en todos los sentidos y que la presenta como el mal menor para acabar con la barbarie secular y el atraso.


   Pero Ruiz Albéniz presenta algunas características originales. Es un escritor clásico en su manera de narrar, aunque tiene fuerza en lo que cuenta. Es lógico si tenemos en cuenta que la materia real daba para la tragedia y para colocar al lector en la posición del sufrido soldado español. Pero, a diferencia de otras novelas más simples y de una sola intención, el autor aprovecha para dar a conocer detalles de la vida rifeña, de costumbres sociales y religiosas y modo de gobierno local. Y lo hace sin esa sospecha de turista accidental que tienen otros novelistas ocasionales. Y, por último, plasma también el punto de vista del rifeño en alguno de sus capítulos. Reconociendo que, como en el bando español, los había buenos, malos y regulares.
   Así lo explicaba el cherif:
Penetraron en nuestra tierra con engaños y promesas falsas de amistad. Dijeron que venían como amigos a ayudarnos en todas nuestras necesidades, respetando nuestras leyes, nuestras propiedades, nuestras costumbres y nuestras creencias. Los dejamos entrar creyendo que la verdad anidaba en sus pechos y fluía por sus labios, como brota en las peñas el manantial que Dios puso en la tierra para nuestro bien. Pero mentían, nos engañaban. Con apariencia de amigos fueron entrando por la tierra sagrada donde duermen  nuestros antepasados, muertos en la gloria de Dios, sin otro derecho que el de su fuerza, ni más pretexto que el de su ambición. Se instalaron allí donde quisieron, se entraron en nuestra vida, nos impusieron jefes que no tenían calidad para serlo, y al amparo de ellos abusaban de su autoridad y atropellaban el legítimo derecho de nuestros hermanos. Aun aguantábamos, aun fuimos muchos los que continuamos creyendo que aquello solo podía ser fruto de la ignorancia y del error; pero lejos de enmendarse cuando del mal que hacían les advertimos, continuaron su obra, infestando nuestras vidas con sus costumbres maldecidas y logrando que muchos buenos creyentes diesen en la práctica de aquellos vicios que condenados quedan como pecados sin perdón en la ley sagrada del profeta (pp 176-177).
   En fin, una novela diferente aunque sea sobre una temática que empieza a dar muestras de agotamiento.




viernes, 26 de enero de 2018

LAS NOVELAS DE MELILLA (6): SEVERIANO GIL RUIZ (y 2).

GIL RUIZ, Severiano:
-          Bereshit. Amanecer de los judíos en Melilla (Fundación Gaselec. Melilla 2004. 211 páginas).
-          La virtud del diablo (De Librum Tremens. Madrid 2009. 725 páginas).
-          Nubes de levante, brisas de poniente (Good Books. Madrid 2012. 737 páginas).



   Severiano Gil se caracteriza por escribir novelas muy extensas ambientadas en la historia de Melilla y Marruecos. Es cierto que las novelas de muchas páginas son las favoritas de algunos lectores, pero también es verdad que añadir páginas rompe el ritmo del relato cuando lo que se cuenta no aporta nada a lo narrado. Es evidente que Gil ha mejorado, como todos los autores, con el transcurso del tiempo y la práctica de escribir. Y de sus lecturas se extrae la conclusión principal de que es un perfecto conocedor de los hechos históricos en los que enmarca a sus personajes y situaciones, que maneja la intrahistoria melillense y del Protectorado y que de sus novelas se extrae una visión muy ajustada de lo que pasó. Por esto, Severiano Gil es un autor imprescindible para la historia literaria de la ciudad.

   Bereshit es la culminación novelesca de la investigación que Gil hizo sobre los judíos de Melilla y que se reflejó en su libro Como las luces de Janucá (2002). Es un relato muy extenso de la vida ordinaria de los judíos melillenses y sus relaciones con las otras comunidades tanto en la ciudad como en la zona que la rodea. Descripciones domésticas, largas charlas… Y un ensayo sobre lo que fue la vida cotidiana, las carencias, la dificultad de suministros y la estrecha convivencia entre los muros de la ciudad batida por las balas enemigas. La segunda parte comienza en 1899 y termina en 1903. Resulta más intimista, pero más trágica. La acción se traslada al Marruecos fronterizo con Melilla. Es la época de las primeras andanzas de El Roghi Bu Hamara. Pero la intención del autor es contar la mezcla de las personas de las tres religiones, lo fácil que es encontrar mezcla entre ellas y lo trágico del racismo imperante. Para ello se sirve de la historia personal del personaje más importante del libro, la Espartana. Es interesante percibir un argumento poco usado en la novela española sobre Marruecos, la situación de los judíos entre la guerra de Margallo y el ascenso al poder fáctico de El Roghi Bu Hamara en el Rif Oriental. El problema es que Gil tarda mucho en situar al lector ante lo importante en la narración, tiene muchos prolegómenos innecesarios y largas situaciones de tercer orden narrativo.


   En 2009 empezó una ardua tarea al publicar una trilogía que, intuimos, abarcará los principales acontecimientos desde la guerra de Margallo en 1893 hasta el desembarco de Alhucemas en 1927. Y que explica en un diálogo de La virtud del diablo:
-                     … Me dijo, me explicó, que aquí en esta zona cuando hay nubes de levante y salta la brisa de poniente, siempre llueve.
-                     Me dijo que nosotros, los europeos, éramos como las nubes de levante; ellos, los rifeños, eran la brisa de poniente, y la guerra era la lluvia inevitable que, siempre, caería sobre unos y otros, mojándonos a todos (página 471).

   La virtud del diablo (2009), el autor señala que es la primera parte de la trilogía Nubes de levante, brisas de poniente, está ambientada en los sucesos de 1909. Las compañías mineras tratan de negociar con las cabilas, con el Roghi Bu Hamara o con el sultán las concesiones de los yacimientos al amparo del Acta de Algeciras. Tres compañías se disputaban el territorio y trataban de construir los ferrocarriles necesarios para el transporte del mineral al puerto de Melilla. Pero la región carecía de una verdadera autoridad efectiva: España no podía intervenir porque aún no se había proclamado el Protectorado, el sultán no tenía fuerza y Bu Humara no controlaba a las cabilas cuando había grandes cantidades de dinero en juego. Esta situación es la que dio lugar a la guerra de 1909, que duraría hasta 1913. Y en este panorama se desarrolla la historia imaginada por Gil con muchos elementos históricos y personajes de ficción que se relacionan con otros reales. El autor lo resume en unas palabras de uno de los protagonistas: El problema reside en que la mayoría de esas cábilas se saben independientes, y en cierto modo lo son; no se sienten marroquíes en el sentido que los europeos dais a la nación. Las distancias son grandes, los organismos del Estado ineficaces, y cada tribu sabe que, para bien o para mal, debe depender de sus propios recursos o, a lo sumo, unirse con alguna vecina por medio de una alianza pata lograr un fin determinado, un pacto que aquí se conoce como lif, que les mantiene en paz entre sí y aliados de cara a las demás (página 249). La novela va lentamente situando al lector en la guerra, explicando los antecedentes y la manera de actuar de españoles y rifeños. Una guerra extraña que parece tener su origen en la protección de los intereses mercantiles de las compañías mineras pero que, en el fondo, trataba de evitar que Francia ocupara el hueco que España dejaba si no quería actuar.

   En la novela van apareciendo un conjunto extenso de personajes con los que el autor quiere dar una visión (creo que acertada) de la situación global en la época en Melilla: Militares y paisanos, periodistas y ciudadanos, comerciantes, empresarios mineros, moros, judíos y cristianos… Como es normal en estas novelas, la narración se hace desde el punto de vista melillense y los personajes marroquíes son tratados secundariamente. Todo en torno a la ciudad:
   …opresora, limitada y pretenciosa que se empeñaba en combinar una existencia pueblerina con una contienda a sus mismas puertas, sin tener conciencia plena de lo que era la paz y la guerra. Era un limbo; Melilla paseaba por su existencia sin hacer demasiado caso a los asuntos capitales, tratando de no escuchar los disparos, ni ver los muertos, empeñada en su obsesión de mantener un atisbo de civilidad donde solo había lucha y barbarie. Y, para ello, no había mejor opción que enrocarse sobre sí misma, metiendo el cuerpo vigoroso de su vecindario dentro de un caparazón falsamente seguro (página 594).

   Las tramas interpuestas se suceden eclipsando una única línea narrativa. Es difícil escribir una novela con varios caminos sin perder la tensión de la acción principal. Las idas y venidas dificultan la atención del lector, pero la intención del autor probablemente fue la de mostrar un retablo lo más completo posible de la vida melillense en la situación bélica.
   Incomprensiblemente en 2012, tres años después, el autor publicó la novela Nubes de levante, brisas de poniente que indica es la primera parte de una trilogía llamada La virtud del diablo. Las dos novelas son la misma novela y las dos trilogías son la misma trilogía. Y, además, están publicadas por la misma editorial ya que tanto de Librum Tremens como Good Books pertenecen a Alberto Pertejo-Barrena que, por otra parte, es un editor con mucho mérito y con una visión romántica de la literatura.
   Es también autor de una novela titulada Cita en el aire, que publicó por entregas en el diario El Telegrama de Melilla en 1996 y que se puede leer completa en la página de AMESETE (Amigos del Museo Específico del Suboficial del Ejército de Tierra Español): https://www.amesete.es/?p=4001