viernes, 10 de noviembre de 2017

LAS NOVELAS DE TÁNGER (8): TÁNGER: AL OTRO LADO DEL ESTRECHO 1898-1936 de JUAN TOMÁS RUIZ CHICA y MEMORIA DE UNA CIUDAD QUE YA NO EXISTE de JAVIER LÓPEZ


RUIZ CHICA, Juan Tomás: Tánger: al otro lado del estrecho 1898-1936 (Autoedición/Letras de Autor. Amazon 2016. 296 páginas).


   Tánger: al otro lado del estrecho es una de esas novelas pedagógicas que tratan de enseñar historia aprovechando una ficción. El autor recorre la vida en la ciudad de la mano de sus personajes y da noticias sobre los que aconteció en el pasado. Es algo más que una novela sobre Tánger, es la vida de una persona de un pueblo de Córdoba que acaba en el ·ejército, tiene que acudir a Marruecos y es testigo y protagonista de la guerra. En esto el libro trata de reflejar a cualquiera de los españoles de esa época que pasaron por algo similar, el cambio en la vida de la España rural, la desaparición de oficios tradicionales y la vida castrense como salida. La legada a Melilla, el cambio a Tánger. Historias cruzadas de personajes que van componiendo su vida al otro lado del estrecho siendo testigos de toda suerte de conflictos y penalidades.




LÓPEZ, Javier: Memoria de una ciudad que ya no existe (Ediciones Carena. Barcelona 2017.123 páginas).

   Completamente distinta es la novela de López que coge para el título una expresiva frase de Ramón Buenaventura (escritor con el que comparte una juventud tangerina). Es la evocación sentimental, poética en ocasiones, de la vida perdida en una ciudad que ya no es lo que fue y por eso ya no existe. El hombre que rememora la infancia feliz. Por eso relata la visión del mundo de un niño, de la ciudad que es su universo y en donde no hay (por raro que parezca en las novelas de Tánger) contrabandistas mafiosos, cabarets de prostitutas ni espías nazis. El mundo del niño es la familia con sus contradicciones, la escuela y la calle, los amigos y algo extraño a todo eso pero con lo que convive: los otros niños de otras lenguas, religiones o razas que se integran en el pequeño universo infantil. El autor escribe: Mi mirada de niño no se corresponde con lo que ven los adultos. Mirar es estar solo y lo que ves es una parte de lo que ocurre… (página 73).
   Los años en que se va descubriendo qué es verdad en la vida en una ciudad llena de leyendas y misterios trasmitidos oralmente y, en ocasiones como le pasaba al tío Lisandro, engrandecidos o exagerados para causar mayor sorpresa en los escuchantes: Nos daban lástimas las mujeres de sus historias, siempre sometidas al arbitrio de unas costumbres que ahora se antojan improbables, pero que entonces formaban parte del mundo bien hecho para que la locura, la hamaka, no entrara en el entendimiento de hombres y mujeres y lo echara todo a rodar hasta dejarte convertido en un kafir, un infiel, que solo puede esperar a Satán para que gobierne su vida. Una vez que está dentro no se puede hacer nada. Alá, Yaveh o Jesucristo no pueden hacer nada y lo mejor es acudir a un morabito (páginas 51-52). Y por eso, entre la realidad y la imaginación, el mundo infantil era el perfecto: La libertad solo existe para los niños, los mayores tenemos que penar para escaparnos de la pena negra (página 52), como exclama el mismo personaje.
   Pero el escritor es un adulto que recuerda el pasado porque ha alcanzado una edad en que los recuerdos llenan la memoria. Los años vencen el optimismo. El escritor se vuelve melancólico: Y es que los recuerdos de la infancia abonan los sueños cuando eres adulto. Al despertar tienes la sensación de haber traicionado esos sueños que se difuminaban entre los residuos de un presente siempre a caballo de lo que está por venir o de lo que pudo haber sido. Por tanto, el pasado no era solamente lo que sucedió y podría recordarse, sino lo que sucedió entre medias y fue modificado para adecuarlo a la conformidad de nuestra existencia. ¿Qué más da si nos mentimos para ablandar la conciencia? (página 89).

   El libro tiene además la virtud de no ser reiterativo ni circular. Tiene el número justo de páginas que requiere la historia. Es una de esas lecturas que deja el gusto de lo bien escrito. 

lunes, 30 de octubre de 2017

LAS NOVELAS DE MELILLA (5): SEVERIANO GIL RUIZ (1).


GIL RUIZ, Severiano-          Prisioneros en el Rif (Autor. Imprenta MARFE. Melilla 1990. 220 páginas  + 1 hoja. Está ilustrado con fotografías).
-          El cañón del Gurugú (Ayuntamiento. Melilla 1992. 621 páginas; Rusadir Media. Melilla 2000. 370 páginas).
-          La tierra entregada (Ayuntamiento. Melilla 1994. 656 páginas).


   Severiano Gil Ruiz es un autor que ha dedicado a la ciudad de Melilla y a la Zona de Protectorado limítrofe su producción literaria. Nadie como él se ha dedicado a novelar la ciudad desde los tiempos de la guerra del Rif hasta la actualidad, quizás porque conozca bien el territorio, ya que nació en Nador y fue militar en la ciudad española; aunque últimamente vive en Perú.

   Se estrenó en 1990 con Prisioneros en el Rif, un relato de aventuras, de barcos pesqueros y aviones de guerra. Una intriga aventurera que notaba la bisoñez del autor. Y continuó en 1992 con El cañón del Gurugú, una ficción acerca de la esperanza de los colonos y mineros españoles en el Protectorado donde buscaban una vida mejor. La lucha de pioneros, en la mejor tradición de la novela colonial argelina. Los proyectos basados en el sacrifico que se vieron truncados por la derrota española en Annual, que terminaría con la muerte o el terrible cautiverio de alguno de ellos. El libro muestra un panorama fiel de la vida en esos años en Melilla y, como es habitual en el autor, da una detallada información de alguna actividad específica, en este caso la de la minería y los trenes mineros. Tras estas dos novelas hay una buena base histórica sobre de la guerra del Rif, de las operaciones militares, de la distribución de tropas y el armamento utilizado.

   En La tierra entregada (1994), Severiano Gil nos ayuda a comprender la vida de los españoles en el Protectorado cuando tocaba a su fin. Es, nuevamente, una novela de esforzados colonos que ven que el país al que  emigraron cambiaba radicalmente y eso les iba a suponer una pérdida emocional y material. El autor recrea Melilla y Nador, sabe de primera mano de la lucha de las personas que sintetiza en personajes en la novela. La vida familiar y laboral, con una buena descripción del sistema de transportes de carretera. Aunque la novela es muy larga, con exceso de páginas que es una característica del autor, el final gana intensidad frente a la pérdida de ritmo de la parte central.

   En 1995 publicó Jádir (Melilla 1995) una novela más intimista que no tiene relación con la etapa de Protectorado salvo algunas referencias en las conversaciones. Hay otras tres novelas de temática colonial de este autor al que dedicaremos otra entrada.


miércoles, 11 de octubre de 2017

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (10): CINCO SEGUNDOS de JAVIER GONZÁLEZ.

GONZÁLEZ, Javier: Cinco segundos (Madrid 2012. Evohé. 455 páginas)
   La novela de Javier González no suele citarse en la bibliografía sobre novelas acerca de la colonia de Guinea española. Es extraño que haya pasado tan desapercibida para los africanistas porque se trata de una novela que mantiene la atención del lector, resulta amena e interesante y es la cuarta de un autor que ya había tenido cierto éxito en la novela de ambiente histórico y que ha sido traducido, según confiesa la solapa, a diecisiete idiomas.

   Cinco segundos es una novela de intriga, más imaginativa que histórica. El protagonista, un estudiante de Derecho, acaba contactando con un grupo de militares en la reserva que tienen su sede en el Casino Militar. Personajes a los que se les coge cariño por su idealismo desfasado y su modo de vida pintoresco. Quieren ir a Guinea en una expedición como las del siglo XIX y toman como patrón la que hicieron el marino Manterola y el cónsul Guillemard de Aragón en 1845.
   La novela es muy compleja de trama puesto que reúne varias acciones en diferentes etapas históricas. El comienzo no tiene nada que ver con la continuación en la que el protagonista acaba viajando a Guinea pero con otra compañía. La acción derivará en un thriller político que recuerda a algún proyecto de golpe de estado contra el presidente Obiang utilizando mercenarios. Entrelazada con esta historia, el autor rompe el ritmo con una narración sobre la etapa de tráfico negrero en la isla de Bioko. La ausencia de autoridad en el territorio entre 1778 y 1845, fue aprovechada por negreros árabes y europeos y Javier González cree conveniente introducir aquí algunos capítulos sobre la vida de un bubi apresado y vendido, su paso por Etiopía y su llegada a Jerusalén, el arca de la alianza y su desaparición.

   Son argumentos desiguales que confluyen al final en una única explicación que, por respeto al autor, no voy a desvelar.
   La conexión del relato con la etapa colonial de Guinea Ecuatorial es la figura de Nicolás Manterola. Desde 1778, cuan los restos de la expedición del conde de Argelejo abandonó la isla de Fernando Poo, hasta 1843 cuando el marino Lerena llegó de nuevo, las posesiones españolas del golfo de Guinea habían quedado abandonadas. Esa desidia o negligencia política hizo que el lugar fuera tomado por traficantes de esclavos y gente sin escrúpulos. Ante la falta de autoridad española, los ingleses organizaron expediciones a partir de 1827 y fundaron una pequeña ciudad donde acoger a sus militares, comerciantes y empleados que llamarían Clarence, luego sería Santa Isabel y hoy Malabo. Cuando los ingleses quisieron comprar las islas españolas, hubo una fuerte reacción política en contra y la reina se vio obligada a considerar la colonización de los territorios. Para ellos se mandaron varias expediciones: Lerena (1843), Manterola y Guillemard de Aragón (1845) y Chacón (1858).
Caldera de Luba
   Javier González aprovecha la figura del marino Nicolás Manterola para un relato lleno fantasioso y movido en el que está presente de manera principal la trata de esclavos, a la que se dedicaron algunos de los principales habitantes (blancos y negros) de esa ciudad en el momento.

   

viernes, 22 de septiembre de 2017

MARRUECOS EN LA NOVELA LEGIONARIA (5): DEL BREVIARIO DE JUAN MORENA de FRANCISCO CANÓS FENOLLOSA

Francisco Canós Fenollosa es uno de esos escritores legionarios dedicados a ensalzar al Tercio, como lo fueron Ángel Gordo Moreno o el general Antonio Maciá Serrano. Canós era un legionario que fue ascendiendo por méritos y que, gracias al Decreto de 4 de enero de 1937, llegó a comandante (uno de los primeros cuatro que lo lograron). Se había alistado a La legión en 1921, en plena guerra de Marruecos, cuando contaba con 22 años. Sus datos biográficos pueden consultarse en http://www.asasve.es/portal/index.php?mod=article&cat=articulos&article=1235
http://www.belt.es/expertos/HOME2_experto.asp?id=6087. Algunas de sus poesías fueron publicadas por el coronel Mateo en el libro La legión que vive (1932), aunque aparecieron sin su firma. Más tarde publicó relatos autobiográficos y recuerdos en la revista La Legión. La novela que aquí se comenta apareció en esa revista en diferentes entregas de 1969, 1970 y 1971.

   La novela es un ramillete de recuerdos y emociones de un legionario. Posiblemente, no lo puedo comprobar, tenga mucho de memorias y préstamo de aventuras sucedidas a conocidos. Es lógico en este tipo de libro, que tiene por argumento la guerra de Marruecos de un legionario en tres niveles. El primero, la situación general en el territorio y sus implicaciones políticas sobre las que el autor pasa sin detenerse, ni siquiera para situar al protagonista. La segunda, los hechos de armas en los que se ve metido el legionario; la vida en campaña, en el campamento y en los permisos. Este segundo nivel es el que proporciona al lector interesado una mayor información de la vida en La Legión en los primeros momentos puesto que la acción se desarrolla entre 1921 y 1922. La dura lucha y el peligro constante: Todo el mundo aquí tiene ganas de guerra. La Legión ha sido creada para la vanguardia, para el asalto, para el duro servicio de la lucha (página 12). La lucha en el frente y en los campamentos: Tizzi-Assa, Ben Tieb, Tifaurin… El tercer nivel es el más íntimo: la causa de su ingreso en el tercio, la tragedia y la decepción que se convertirá en nuevo ánimo al conocer a la mujer ideal.


   


Páginas de la revista La Legión, nº 181 de enero de 1981









   Es la visión romántica de La Legión que gustará a los entusiastas de este cuerpo concebido como escuela de la vida, forja de disciplina y compañerismo, sacrificio y valor. Y en el que no falta la mención a la redención de culpas, aunque sean falsas como en el mejor relato de este tipo: Beau Geste.

Portada del libro del coronel Mateo La Legión que vive (Ceuta 1932) y reproducción de uno de los sonetos de Canós Fenollosa apoarecidos en el mismo.



martes, 12 de septiembre de 2017

NOVELAS DE LA GUERRA DE IFNI-SAHARA (7): LO QUE NOS DEJAMOS EN IFNI de F. ANTOLÍN HERNÁNDEZ

HERNÁNDEZ SALGUERO, Félix Antolín: Lo que nos dejamos en Ifni (De librum tremens. Madrid 2017. 220 páginas).
   Hernández Salguero, nacido en 1959, vuelve literariamente a Ifni con una nueva novela. Ya le había dedicado otra (Boualam de Ifni) que se comentó en el blog: http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com.es/search/label/Hern%C3%A1ndez%20Salguero.

   La guerra de Ifni ya no es un asunto ignorado, ocultado o ajeno al interés de los españoles. Es un episodio más de la historia contemporánea que ha cobrado interés entre los historiadores y novelistas que buscan campos nuevos inéditos o susceptibles de interpretaciones diferentes. Y de un vacío casi absoluto de bibliografía sobre el tema, hemos pasado a una cierta abundancia. Así han aparecido recientemente obras como Arde el desierto (2017) de Juan Pastrana –excelente a pesar de que el autor renunciara a las notas a pie de página-, Ifni Sahara 1957-1958. Análisis de una guerra (2016) que son los recuerdos de Adolfo Cano o Ifni, del tratado de Wad Ras a su ocupación (2016) de Andrés Miguel Cosialls Ubach que ofrece una visión histórica de los antecedentes de la presencia española.


   Hernández Salguero conoce bien la historia de la guerra de Ifni y en su novela Lo que nos dejamos en Ifni presenta un panorama distinto a lo novelado hasta entonces sobre la ciudad. En 1957, tras abandonarse casi todo el territorio, se crea una línea defensiva de la ciudad de Sidi-Ifni en forma de arco apoyado en el mar. En ese perímetro se situaban posiciones que trataban de proteger la ciudad. Y en una de ellas, en el monte Buyarifen, donde un puñado de españoles pasa la Navidad a cubierto de los disparos del enemigo, sitúa la acción: Todos ojerosos y con cara de sueño. Todos sucios famélicos y desarrapados, con más pinta de pordioseros que de soldados… Miraba las caras y la mayoría había perdido su natural jovialidad. Se habían convertidos en seres serios, montaraces de rostros sombríos y curtidos, en lo que queda después de la derrota tras años de combates y a miles de kilómetros de la patria sin posibilidad de recibir ayuda; solo que ellos no habían sido derrotados, apenas llevaban un mes luchando y su patria les podía abastecer de ayuda y suministros, si tuviera medios. Pertenecían a un ejército que no había evolucionado nada en veinte años (página 19). El autor quiere dar una imagen lóbrega, angustiosa, de la vida en el lugar con un capitán al mando que resulta la caricatura de un malo de dibujo animado, tal vez debió el autor cuidar más esas personalidades enfermizas para dar una sensación de realismo mayor. Pero era necesario establecer un antagonista al alférez de IPS y al viejo brigada veterano de tres guerras. Y en ese ambiente casi de miseria se injerta una historia de delitos.

   La novela se enriquece cuando el autor añade a la guerra y a la situación colonial una trama paralela de asesinatos que llevan a una investigación. El asunto de crímenes y averiguaciones en la guerra de Ifni ya lo había tratado, con resultado desigual,  David Torres en Todos los buenos soldados (http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com.es/2014/01/todos-los-buenos-soldados-de-david.html). Y una buena novela sobre asesinatos en una campaña bélica –en la División Azul- es El tiempo de los emperadores extraños (2006) de Ignacio del Valle, con la que comparte una parte de trama anclada en la Guerra Civil.

   Hernández escribe un relato entretenido, con ritmo mantenido y una sencilla trama que no complica con acciones paralelas. Hay algo de técnica de thriller y, para rematar, algo de aventuras militares. Está contada con rapidez y solvencia. La traición acaba por imponerse sobre el ambiente colonial y la situación de los soldados.


viernes, 18 de agosto de 2017

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (16): AVENTURAS DEL CABALLERO ROGELIO DE AMARAL de WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ.

FERNÁNDEZ-FLÓREZ, Wenceslao: Aventuras del caballero Rogelio de Amaral (Pueyo. Madrid 1933. 267 páginas + 1 hoja; Diana. México 1947. 193 páginas).

   Siendo Wenceslao Fernández Flórez (La Coruña 1885- Madrid 1964) un autor de mucho éxito en vida y después de la muerte, con numerosas reediciones de sus principales novelas y con ediciones críticas que llegan hasta la actualidad, la novela que nos ocupa solo tuvo una edición en España y otra en México. Nunca más se reeditó (salvo en las obras completas) y pasó desapercibida.

    Aventuras de Rogelio de Amaral está escrita en el característico estilo satírico del autor, un maestro de la ironía. Una diatriba contra el señorito republicano provista de toda la acidez del escritor. Fernández Flórez era un hombre conservador que, puesto en la tesitura de tomar partido, optó por el bando franquista y tuvo que refugiarse en la embajada de Holanda durante la Guerra Civil. Gracias a la intervención de Julián Zugazagoitia ante Indalecio Prieto, pudo escapar y, agradecido, pasó a testificar a su favor en el consejo sumarísimo que se abrió al primero en la postguerra. Era un hombre conservador sui géneris porque su amplio sentido crítico le granjeaba enemigos entre los partidarios y los opositores. Parece ser una de esas personas a las que no le gusta el mundo que le rodea pero desconfían aún más de los que lo quieren cambiar. Tal vez porque, a pesar de su inconformismo, no le iba mal en la vida. Era, por otra parte, un hombre de ideas avanzadas en asuntos como la posición social de la mujer o el aborto como se refleja en algunas partes de esta novela. La crítica a la II República tiene mucho en común con la que hacía Julio Camba, pero no llega a la amargura de sus novelas sobre la Guerra Civil como Una isla en el mar rojo (1938) y La novela número 13 (1941).
Wenceslao Fernández-Flórez
    Antes de que el caballero Amaral se convirtiera en un incompetente médico, tuvo que hacer el servicio militar y le tocó África. Era una tradición familiar: Desde los tiempos más remotos los Amarales se venían dedicando ardorosamente a la noble faena de “causar bajas”. Utilizo a propósito esta locución porque la encuentro mucho más adecuada que el verbo “matar” que algunos emplean con indisculpable ligereza cuando se refieren a los actos de un guerrero en el ejercicio de su vocación (página 63). La novela es el retrato de un cínico, de un personaje al que le da todo igual salvo su persona y que pasa por encima de las situaciones y las gentes con tal de obtener un beneficio o llevar una vida cómoda. No le importa mentir, engañar, estafar… En la vida de este personaje, el autor consideró interesante incluir un episodio de la guerra de Marruecos. Por el tiempo en el que transcurre, estaba indicado. Y allí situó al sargento Amaral, en una posición rodeada, aprovechando el heliógrafo para comunicar penalidades y heroísmos falsos en toda la extensión de su relato. Por esas cosas de la vida y de la política, cuando los mandos descubrieron que la posición fue olvidada de los moros, que nunca tuvo ningún apuro y que se pasó los días bebiendo vino, dado que el asunto se había vertido a la prensa con tintes heroicos, se decidió tapar el tema. No son muchas páginas las dedicadas a Marruecos. Y, después de leerlas, queda la sensación de que Amaral no es solo una invención de Fernández Flórez sino que debió de haber en la realidad algún falso héroe sin descubrir.

   Por lo demás, al escritor Marruecos no le interesa especialmente. Ni conoce la zona ni se extiende en detalles (en esto demuestra honradez). Toma una posición imaginaria, no la describe en profundidad y cuenta unos hechos aislados y poco precisos que pudo haber leído en cualquier periódico.

viernes, 11 de agosto de 2017

NOVELAS DE CEUTA (4). NOVELAS DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (4): LAS AVENTURAS DE PEPE EL DE CEUTA y EL CAPITÁN INTERVENTOR de ENRIQUE HIDALGO GÓMEZ.

HIDALGO GÓMEZ, Enrique: Las aventuras de Pepe el de Ceuta (Ciudad Autónoma. Archivo Central. Ceuta 2002. 261 páginas).
-          El capitán interventor. Marruecos español 1945 (Aljaima. Málaga 2003. 256 páginas).
   Enrique Gómez Hidalgo, de familia ceutí, nació en Larache donde pasó muchos años de su vida en Larache, como funcionario encargado de los bienes que el Estado español mantenía en Marruecos. Por tanto, conoce bien las dos ciudades y la vida en ellas. De Ceuta habla poco, algunas pinceladas de la vida en la ciudad y presidio a finales del siglo XIX. En realidad, hay muy poca literatura sobre Ceuta.  

    En Pepe el de Ceuta, el protagonista se traslada a Larache de manera casi involuntaria, por puro azar. Lo que hace que la novela se convierte en el relato de Larache, de su historia, su crecimiento y la vida de los primeros españoles que llegaron a la ciudad, sobre todo a partir de que las tropas españolas la tomaran en 1911. Esas historias familiares de luchadores anónimos, algunas de las cuales las cuenta Manuel Gago Alario en su libro Pioneros de Larache (2014), son el sustrato del libro. En este aspecto, Las aventuras de Pepe el de Ceuta es un antecedente de La ciudad del Lucus de Cazorla Prieto (http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com.es/2013/04/novelas-de-luis-maria-cazorla-prieto.html).
 Ceuta: cuartel de El Serrallo
   Las aventuras de Pepe el de Ceuta es una novela crónica de una etapa del protectorado. El autor es cronista de unos hechos en los que se vale del personaje. Relata con un lenguaje sin pasiones, a veces administrativo, los primeros tiempos de la ocupación española de Larache, la inevitable confrontación entre El Raisuni y el coronel Fernández Silvestre, y el modo de vida de los primeros españoles que se establecieron en la ciudad. Las incomodidades, los sacrificios, las tragedias de la población anónima. Y las relaciones con los habitantes del país, en las que el autor se detiene con varios episodios en los que trata de encerrar la situación de poder, desorden y dominio del momento cuando se iba a producir el enfrentamiento entre dos poderes.

    El autor no es un novelista distanciado de la historia, sino que toma partido. Frente a algunos autores que piensan que el acuerdo con El Raisuni hubiera supuesto la paz en la parte occidental del Protectorado español, otros opinan que la personalidad del caudillo marroquí haría que el pacto quedara en papel mojado enseguida. Por eso Hidalgo nos muestra  a un líder carismático pero arbitrario, cruel y déspota. Y una región sometida al abuso, la inseguridad y la crueldad de castigos. Frente a esto, la llegada de europeos hizo que se abrigara la esperanza del orden y la seguridad. Y en esto consiste la moraleja de la novela que termina con un capítulo que nos narra las peripecias de Pepe como prisionero esclavizado. Y ese mismo ambiente es el que da paso a la segunda novela.

    El final de la primera novela nos parece un poco forzado, como terminado con prisas y sin extenderse en las circunstancias, a pesar de ser un libro con exceso de minucias. Pero este final suspendido quizás tenga que ver con el proyecto del autor en escribir la segunda novela –El capitán interventor- en la que reconoce (en la contraportada) que es la continuación de la primera. Y que se trata de un relato ameno en el que se descubre mucho de lo que el autor vivió y presenció en su vida en Marruecos, formas de vida y de relación. Tal vez peca de exceso de descripciones de viviendas y de comidas y tés que resultan reiterativas y prescindibles, abundante en detalles que no añaden nada a la acción. El relato deriva por caminos etnográficos. Por lo demás, es un ejercicio de recuerdos (como la primera), escrito con sencillez y con honradez.

   Hidalgo mantiene una tesis personal, la manera en la que él vivió en Marruecos antes y después de la independencia, en la que resalta los valores de la cooperación y la convivencia normal entre españoles y marroquíes. El capitán interventor, en esta línea, es la indagación sobre un español desaparecido en la guerra y otro convertido voluntariamente al Islam. Visto con normalidad dentro de una pequeña comunidad marroquí. Un canto a los habitantes de las cabilas y a los interventores españoles que compartieron con ellos los días de aquella época.


viernes, 14 de julio de 2017

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (4): AIXA de LUIS PÉREZ LOZANO, LUNA DE TETTAUEN de ALFREDO CARMONA

PÉREZ LOZANO, Luis. Aixa. Novela de costumbres marroquíes (Editorial Sempere. Valencia 1925. 330 páginas + 2 hojas).
CARMONA, Alfredo: Luna de Tettauen. Novela de amor al margen del Protectorado (Editorial Caro Raggio. Madrid 1926. 293 páginas. + 2 hojas. Prólogo de Enrique Gómez Carrillo).

    La novela exotista colonial es un subgénero que tuvo cierto predicamento entre los escritores ocasionales que soñaban ser Pierre Loti. Es una manera de novelar de funcionarios, militares y misioneros. Personas que conocían el país, que se sintieron atraídos por lo diferente sin dejar el sentimiento de superioridad europea, que creyeron en la misión colonizadora sin críticas y que pensaron que lo que ellos vieron podía ser interesante para el lector metropolitano curioso por lo que se vivía en ultramar. Fue una temática temprana en el Protectorado, propia de los primeros años hasta que la guerra cruel cambió el gusto o el interés de escritores y lectores. En este tipo de novela hay mucho de reportaje periodístico, de narración de costumbres pintorescas dibujadas con la suficiente distancia como para quedarse solo con lo grueso, bastante de comparación de civilizaciones propia de los colonialistas y un poco de desprecio hacia el modo de vida –mejor dicho, hacia ciertas facetas del modo de vida- de la población local, fundamentalmente lo referente a supersticiones, vida privada, trato a la mujer, ejercicio abusivo del poder,  arbitrariedad en la justicia y otras cuestiones parecidas que debió ser el sustrato generalizado de las conversaciones domésticas sobre el mundo colonial.
   Dentro de esta tendencia exotista hay una especial predilección por el amor interracial. La seducción que las mujeres marroquíes ejercían sobre los militares españoles, jóvenes que empezaban a vivir independientes, que tenía toda la fuerza de la juventud y que llegaban de una sociedad en las que las mujeres todavía pretendían mantener la virginidad hasta el matrimonio. La mora era el escape y la fantasía. Divagaban los autores sobre amores en situaciones en que las mujeres marroquíes, sojuzgadas por sus hombres, caían rendidas ante los españoles que las trataban mejor. Con independencia de la falsedad de este tópico, porque en realidad los militares españoles se conformaban con prostitutas, hay en ese motivo una parábola de la colonización tal y como la entendían: la débil colonizada se entrega al fuerte colono porque entiende que es superior y su modo de vida también.
   Hay algunas novelas escritas por militares. Dos ejemplos:
   Luis Pérez Lozano fue interventor militar. Tiene algunas publicaciones: la conferencia sobre Ifni-Sahara en el Curso de Interventores de 1948 (Tetuán 1948) y otra titulada La impronta hispánica en la educación y cultura de Marruecos durante medio siglo de Protectorado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas el día 14 de febrero de 1962 y publicada en Archivos del IDEA nº 64. También fue guionista de Em-Nar, la ciudad de fuego (1951) dirigida por José González de Ubieta, una película de aventuras africanas. Su novela Aixa, escrita en 1922 y publicada en 1925, es fruto de su primera experiencia, recién salido de la Academia y destinado a Tetuán (Beinatz en la novela). El libro está escrito correctamente, pero con mucho detenimiento en los aspectos puramente etnográficos en detrimento de la acción. Las primeras cien páginas es un recorrido casi turístico sobre costumbres moras, entendidas a la manera de los militares jóvenes españoles que vivían en república en Tetuán. Después hace un lento resumen del descubrimiento de la mujer que se enamora. Este tipo de narración hoy aburre porque el conocimiento del país y sus costumbres de obtiene rápidamente por otros medios. Pérez Lozano es un joven fascinado por un mundo nuevo y trasmite su fascinación, pero poco más. Cerca de la página 200, empiezan las escenas de guerra en Yebala de las que debió de ser testigo. Hay más emoción, más sentimiento. Pero no deja de ser una novela con poco argumento, una narración de batallitas entre compañeros. Y el trasfondo de la atracción que ejerce Aixa sobre él y que nunca culmina.
   Alfredo Carmona fue un periodista de cierta fama, colaborador de revistas como Blanco y Negro. Antes fue oficial del Ejército destinado algún tiempo en Marruecos; después comenzó a escribir en El Liberal de Sevilla (donde había nacido en 1875) y luego pasó al ABC de Madrid como periodista de batalla, gacetillero y redactor anónimo. Murió el 6 de noviembre de 1939. Fue autor de algunas obras de teatro y novelas. En concreto la que se refiere al Marruecos colonial, Luna de Tettauen, fue publicada en 1926 (en el libro no aparece la fecha pero la tomamos de la recensión que publicó en diario ABC. Como prólogo, reproduce un artículo de Gómez Carrillo dedicado a la ciudad de Fez.
   Carmona escribió la novela de lo que había conocido, la vida del militar en Marruecos. Con todos los logares comunes y todas las fantasías habituales, entre ellas la erótica. El militar conoce a la mora en un mercado y, sin más, surge el flechazo: Veinticinco años reprimidos en su fuego por la virtud forzosa de los campamentos, son causa bastante para que una imaginación sedienta de aventuras acuda al señuelo de unos ojos que han mirado tiernamente, aunque la poseedora vaya envuelta en el ropón sin forma de las moras, y ella pertenezca a raza tan amurallada contra el amor como la árabe (página 30).

   Luna de Tettauen es una novela que gira en torno al enamoramiento de un oficial y una mora joven y casada. Una historia convencional en la novela exotista del Protectorado. No hay más emoción que las reacciones del marido burlado y alguna historia de amoríos paralelos. La traición, el miedo, el fatalismo que estos autores ven en lo árabe. En este caso, los amores no terminan en boda sino en violencia y olvido. Un militar le dice a otro, como resumen de la filosofía del relato: Hay que olvidar el encanto de estas mujeres… Esta vida no es para los europeos. Aquí está uno siempre a pique de perder la cabeza, después de perder el corazón… (página 288).
Blanco y Negro nº 2184, 23 abril 1933

   Ambas novelas tratan de una fascinación erótica, de amores incumplidos, de ensoñaciones de adolescentes y de tragedia del destino que impide, en definitiva, a los autores dar un final que la sociedad española lectora de estos libros no iba a admitir: Una cosa era la diversión y otra el compromiso.

martes, 27 de junio de 2017

LAS NOVELAS DE MALABO (4): TINIEBLAS de FERNANDO GAMBOA.

GAMBOA, Fernando: Tinieblas (Autoedición 2016. Impreso en Polonia para Amazon. 514 páginas)

   Fernando Gamboa es un escritor nacido en Barcelona en 1970 que prefiere la edición independiente, no sé si por desencuentros y hartura de las editoriales o por decisión voluntaria. En 2008 publicó (en la editorial El Andén) la novela Guinea que, por no tener un argumento de época colonial, no ha sido mencionada en este blog. Después se ha dedicado al género de aventuras, creando relatos entretenidos, llenos de acción, con personajes bien creados dentro del género y con capacidad para enganchar al lector. Uno de sus héroes es el capitán Riley, protagonista de esta novela. Tiene una página web para el que quiera ampliar información: http://www.gamboaescritor.com/
   La novela Tinieblas se desarrolla parcialmente en la antigua Guinea española. El autor toma como argumento un hecho real que luego derivará en una historia de espionaje, acción y misterio imaginada. Durante la II Guerra Mundial, se refugiaron en el puerto de Santa Isabel un barco italiano y dos alemanes, huyendo de los aliados que dominaban los mares de África. A principios de 1942 los británicos, en una audaz operación se hacen con el barco italiano Duchessa d’Aosta e inutilizan los dos alemanes aprovechando la celebración de una fiesta en la ciudad colonial española. Los detalles de la operación se pueden leer en alguna página web como 

El Duchessa d'Aosta en Guinea

   El asunto es suficientemente atractivo para un novelista y Gamboa lo sabía al escribir la novela. Es una situación histórica compleja llena de acontecimientos. El autor utiliza sus personajes de la serie narrativa, con caracteres bien definidos y personalidades que dan juego en las situaciones complicadas. La novela comienza en Estados Unidos y lentamente va metiendo al lector en el juego de complicidades y rivalidades, amistades y enemistades que surgen en una situación bélica. Aunque no es un relato de acción trepidante como los que se escriben ahora, no le falta habilidad al escritor para ir introduciendo elementos nuevos en el desarrollo de la trama que mantengan al lector en la atención necesaria para una novela de aventuras. Poco antes de la mitad de la novela, resuelto el negocio que los llevó a Fernando Poo, la novela se marcha al Congo.



   En algunas páginas se dan pinceladas de lo que pudo haber sido la vida sin entrar en mucho detalle ni detenerse en aspectos puramente coloniales. No es el asunto del libro. En definitiva, un libro para los amantes de las lecturas amenas y de las novelas clásicas de aventuras.

viernes, 16 de junio de 2017

NOVELAS DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (3): EL HONOR DEL GUERRERO de ADOLFO HERNÁNDEZ LAFUENTE

HERNÁNDEZ LAFUENTE, Adolfo: El honor del guerrero (Cálamo. Madrid 2004. 461 páginas).

   Hernández Lafuente es un alto funcionario nacido en Ceuta, conocedor del Protectorado y autor de tres novelas aunque solo ésta sea de ambiente colonial. Sabe que abordar en la novela en final del colonialismo hispano-francés en Marruecos era un tema casi inédito y aprovechable y publicó en 2004 El honor del guerrero, que ofrece un relato de esta época en varios planos. En primero lugar, la situación personal del coronel protagonista, su visión de las cosas y su colocación histórica ante unos hechos inevitables. Por otro lado, los acontecimientos que se vivieron en los años cincuenta del siglo XX en Marruecos cuando el nacionalismo marroquí, bien organizado, comprende que están ante el final de la intervención del país por los europeos y se deciden a dar la batalla política final para lograr la independencia y gobernar el país. La acción de los servicios de información españoles, militares, y su relación con los falangistas que en esa época todavía gozaban de un gran poder. Por último, la actitud de España y Francia ante los acontecimientos.

   El honor del guerrero es una novela seria, sin concesiones al lector que busca aventuras, intriga y acción en escenarios exóticos y momentos históricos especialmente convulsos. Pero no es un thriller típico, aunque a veces utilice esa técnica narrativa. Es una novela con gran contenido político que quizás requiera de conocimientos de los acontecimientos para comprenderla. Una novela que merece una lectura pausada para comprender todos los detalles que trata. Porque el autor no solo escribe sobre el final del Protectorado, los intentos de prolongarlo con diversas fórmulas y las rivalidades franco-españolas, sino que aborda otro tema apasionante como es el poder del nacionalismo marroquí y su enfrentamiento con el modo tradicional del gobierno del Marruecos rural. En sus páginas aparecen El Glaui y el general Ufkir y sus intrigas frente al naciente Istiqlal que dominaba al sultán Mohamed V. En cada bando (españoles, franceses y marroquíes) hay divergencias y contrariedades, no son bloques monolíticos y los intereses no siempre coinciden. En el bando español, la rivalidad entre los servicios secretos del Ejército y los de Falange ponen de relieve la lucha por el poder en la España franquista.


    Más allá, el autor también quiere dar una imagen compleja del Protectorado. En el caso español, un territorio poco rentable económicamente y, en consecuencia, excesivamente militarizado y funcionarizado. Un colonialismo suave con el natural de las tierras y con cierta tolerancia hacia los nacionalistas. En ese mosaico, el autor sabe que la figura del interventor, una élite militar, merece un singular detenimiento. Hay varias páginas donde se refiere a ellos y a su manera de comprender el colonialismo, concretándolo en la figura del coronel Vega (uno de los protagonistas):
   Algunos de nosotros éramos gentes que hacíamos imposibles, porque carecíamos de los medios necesarios para realizar la empresa que llevamos a cabo. Con los reducidos capítulos que nos asignaban del presupuesto y con un ejército de alpargatas, nos atrevimos a convertir este territorio en un país moderno. Y ese esfuerzo nos vinculó a esta tierra. Amábamos nuestra jurisdicción porque estábamos unidos a ella (página 76).
   Estaba convencido de la veracidad de la obra del Protectorado: llevar a cabo la administración del país apoyándose sinceramente en los cuadros naturales; preocupándose de la formación de aquellos hombres; ejerciendo la intervención de sus gestiones de manera discreta y leal, pero también firmemente; asegurando la colaboración y la asociación constante e íntima del protector y del protegido para el estudio y solución de los problemas (páginas 91 y 92).
   Hernández Lafuente aprovecha el final de la etapa colonial en Marruecos para presentar un literario balance del colonialismo. Hay un resto bueno de aquella época, unas obras que quedaron para aprovechamiento de los marroquíes. Aunque se hicieran con imposición, a la fuerza. Incluso aunque se hicieran para aprovechar, en primer lugar, a los propios colonos que explotaban el territorio: Veintitantos años atrás aquél era un paso inseguro. Comunicaciones fiables, transporte, comercio y seguridad habían llegado con los españoles, en su acción benefactora. Pero, ¿quién se beneficiaba más de estos adelantos? (página 233).

   La riqueza de situaciones, de personajes y de acciones resume un momento histórico irrepetible.