viernes, 22 de septiembre de 2017

MARRUECOS EN LA NOVELA LEGIONARIA (5): DEL BREVIARIO DE JUAN MORENA de FRANCISCO CANÓS FENOLLOSA

Francisco Canós Fenollosa es uno de esos escritores legionarios dedicados a ensalzar al Tercio, como lo fueron Ángel Gordo Moreno o el general Antonio Maciá Serrano. Canós era un legionario que fue ascendiendo por méritos y que, gracias al Decreto de 4 de enero de 1937, llegó a comandante (uno de los primeros cuatro que lo lograron). Se había alistado a La legión en 1921, en plena guerra de Marruecos, cuando contaba con 22 años. Sus datos biográficos pueden consultarse en http://www.asasve.es/portal/index.php?mod=article&cat=articulos&article=1235
http://www.belt.es/expertos/HOME2_experto.asp?id=6087. Algunas de sus poesías fueron publicadas por el coronel Mateo en el libro La legión que vive (1932), aunque aparecieron sin su firma. Más tarde publicó relatos autobiográficos y recuerdos en la revista La Legión. La novela que aquí se comenta apareció en esa revista en diferentes entregas de 1969, 1970 y 1971.

   La novela es un ramillete de recuerdos y emociones de un legionario. Posiblemente, no lo puedo comprobar, tenga mucho de memorias y préstamo de aventuras sucedidas a conocidos. Es lógico en este tipo de libro, que tiene por argumento la guerra de Marruecos de un legionario en tres niveles. El primero, la situación general en el territorio y sus implicaciones políticas sobre las que el autor pasa sin detenerse, ni siquiera para situar al protagonista. La segunda, los hechos de armas en los que se ve metido el legionario; la vida en campaña, en el campamento y en los permisos. Este segundo nivel es el que proporciona al lector interesado una mayor información de la vida en La Legión en los primeros momentos puesto que la acción se desarrolla entre 1921 y 1922. La dura lucha y el peligro constante: Todo el mundo aquí tiene ganas de guerra. La Legión ha sido creada para la vanguardia, para el asalto, para el duro servicio de la lucha (página 12). La lucha en el frente y en los campamentos: Tizzi-Assa, Ben Tieb, Tifaurin… El tercer nivel es el más íntimo: la causa de su ingreso en el tercio, la tragedia y la decepción que se convertirá en nuevo ánimo al conocer a la mujer ideal.


   


Páginas de la revista La Legión, nº 181 de enero de 1981









   Es la visión romántica de La Legión que gustará a los entusiastas de este cuerpo concebido como escuela de la vida, forja de disciplina y compañerismo, sacrificio y valor. Y en el que no falta la mención a la redención de culpas, aunque sean falsas como en el mejor relato de este tipo: Beau Geste.

Portada del libro del coronel Mateo La Legión que vive (Ceuta 1932) y reproducción de uno de los sonetos de Canós Fenollosa apoarecidos en el mismo.



martes, 12 de septiembre de 2017

NOVELAS DE LA GUERRA DE IFNI-SAHARA (7): LO QUE NOS DEJAMOS EN IFNI de F. ANTOLÍN HERNÁNDEZ

HERNÁNDEZ SALGUERO, Félix Antolín: Lo que nos dejamos en Ifni (De librum tremens. Madrid 2017. 220 páginas).
   Hernández Salguero, nacido en 1959, vuelve literariamente a Ifni con una nueva novela. Ya le había dedicado otra (Boualam de Ifni) que se comentó en el blog: http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com.es/search/label/Hern%C3%A1ndez%20Salguero.

   La guerra de Ifni ya no es un asunto ignorado, ocultado o ajeno al interés de los españoles. Es un episodio más de la historia contemporánea que ha cobrado interés entre los historiadores y novelistas que buscan campos nuevos inéditos o susceptibles de interpretaciones diferentes. Y de un vacío casi absoluto de bibliografía sobre el tema, hemos pasado a una cierta abundancia. Así han aparecido recientemente obras como Arde el desierto (2017) de Juan Pastrana –excelente a pesar de que el autor renunciara a las notas a pie de página-, Ifni Sahara 1957-1958. Análisis de una guerra (2016) que son los recuerdos de Adolfo Cano o Ifni, del tratado de Wad Ras a su ocupación (2016) de Andrés Miguel Cosialls Ubach que ofrece una visión histórica de los antecedentes de la presencia española.


   Hernández Salguero conoce bien la historia de la guerra de Ifni y en su novela Lo que nos dejamos en Ifni presenta un panorama distinto a lo novelado hasta entonces sobre la ciudad. En 1957, tras abandonarse casi todo el territorio, se crea una línea defensiva de la ciudad de Sidi-Ifni en forma de arco apoyado en el mar. En ese perímetro se situaban posiciones que trataban de proteger la ciudad. Y en una de ellas, en el monte Buyarifen, donde un puñado de españoles pasa la Navidad a cubierto de los disparos del enemigo, sitúa la acción: Todos ojerosos y con cara de sueño. Todos sucios famélicos y desarrapados, con más pinta de pordioseros que de soldados… Miraba las caras y la mayoría había perdido su natural jovialidad. Se habían convertidos en seres serios, montaraces de rostros sombríos y curtidos, en lo que queda después de la derrota tras años de combates y a miles de kilómetros de la patria sin posibilidad de recibir ayuda; solo que ellos no habían sido derrotados, apenas llevaban un mes luchando y su patria les podía abastecer de ayuda y suministros, si tuviera medios. Pertenecían a un ejército que no había evolucionado nada en veinte años (página 19). El autor quiere dar una imagen lóbrega, angustiosa, de la vida en el lugar con un capitán al mando que resulta la caricatura de un malo de dibujo animado, tal vez debió el autor cuidar más esas personalidades enfermizas para dar una sensación de realismo mayor. Pero era necesario establecer un antagonista al alférez de IPS y al viejo brigada veterano de tres guerras. Y en ese ambiente casi de miseria se injerta una historia de delitos.

   La novela se enriquece cuando el autor añade a la guerra y a la situación colonial una trama paralela de asesinatos que llevan a una investigación. El asunto de crímenes y averiguaciones en la guerra de Ifni ya lo había tratado, con resultado desigual,  David Torres en Todos los buenos soldados (http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com.es/2014/01/todos-los-buenos-soldados-de-david.html). Y una buena novela sobre asesinatos en una campaña bélica –en la División Azul- es El tiempo de los emperadores extraños (2006) de Ignacio del Valle, con la que comparte una parte de trama anclada en la Guerra Civil.

   Hernández escribe un relato entretenido, con ritmo mantenido y una sencilla trama que no complica con acciones paralelas. Hay algo de técnica de thriller y, para rematar, algo de aventuras militares. Está contada con rapidez y solvencia. La traición acaba por imponerse sobre el ambiente colonial y la situación de los soldados.


viernes, 18 de agosto de 2017

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (16): AVENTURAS DEL CABALLERO ROGELIO DE AMARAL de WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ.

FERNÁNDEZ-FLÓREZ, Wenceslao: Aventuras del caballero Rogelio de Amaral (Pueyo. Madrid 1933. 267 páginas + 1 hoja; Diana. México 1947. 193 páginas).

   Siendo Wenceslao Fernández Flórez (La Coruña 1885- Madrid 1964) un autor de mucho éxito en vida y después de la muerte, con numerosas reediciones de sus principales novelas y con ediciones críticas que llegan hasta la actualidad, la novela que nos ocupa solo tuvo una edición en España y otra en México. Nunca más se reeditó (salvo en las obras completas) y pasó desapercibida.

    Aventuras de Rogelio de Amaral está escrita en el característico estilo satírico del autor, un maestro de la ironía. Una diatriba contra el señorito republicano provista de toda la acidez del escritor. Fernández Flórez era un hombre conservador que, puesto en la tesitura de tomar partido, optó por el bando franquista y tuvo que refugiarse en la embajada de Holanda durante la Guerra Civil. Gracias a la intervención de Julián Zugazagoitia ante Indalecio Prieto, pudo escapar y, agradecido, pasó a testificar a su favor en el consejo sumarísimo que se abrió al primero en la postguerra. Era un hombre conservador sui géneris porque su amplio sentido crítico le granjeaba enemigos entre los partidarios y los opositores. Parece ser una de esas personas a las que no le gusta el mundo que le rodea pero desconfían aún más de los que lo quieren cambiar. Tal vez porque, a pesar de su inconformismo, no le iba mal en la vida. Era, por otra parte, un hombre de ideas avanzadas en asuntos como la posición social de la mujer o el aborto como se refleja en algunas partes de esta novela. La crítica a la II República tiene mucho en común con la que hacía Julio Camba, pero no llega a la amargura de sus novelas sobre la Guerra Civil como Una isla en el mar rojo (1938) y La novela número 13 (1941).
Wenceslao Fernández-Flórez
    Antes de que el caballero Amaral se convirtiera en un incompetente médico, tuvo que hacer el servicio militar y le tocó África. Era una tradición familiar: Desde los tiempos más remotos los Amarales se venían dedicando ardorosamente a la noble faena de “causar bajas”. Utilizo a propósito esta locución porque la encuentro mucho más adecuada que el verbo “matar” que algunos emplean con indisculpable ligereza cuando se refieren a los actos de un guerrero en el ejercicio de su vocación (página 63). La novela es el retrato de un cínico, de un personaje al que le da todo igual salvo su persona y que pasa por encima de las situaciones y las gentes con tal de obtener un beneficio o llevar una vida cómoda. No le importa mentir, engañar, estafar… En la vida de este personaje, el autor consideró interesante incluir un episodio de la guerra de Marruecos. Por el tiempo en el que transcurre, estaba indicado. Y allí situó al sargento Amaral, en una posición rodeada, aprovechando el heliógrafo para comunicar penalidades y heroísmos falsos en toda la extensión de su relato. Por esas cosas de la vida y de la política, cuando los mandos descubrieron que la posición fue olvidada de los moros, que nunca tuvo ningún apuro y que se pasó los días bebiendo vino, dado que el asunto se había vertido a la prensa con tintes heroicos, se decidió tapar el tema. No son muchas páginas las dedicadas a Marruecos. Y, después de leerlas, queda la sensación de que Amaral no es solo una invención de Fernández Flórez sino que debió de haber en la realidad algún falso héroe sin descubrir.

   Por lo demás, al escritor Marruecos no le interesa especialmente. Ni conoce la zona ni se extiende en detalles (en esto demuestra honradez). Toma una posición imaginaria, no la describe en profundidad y cuenta unos hechos aislados y poco precisos que pudo haber leído en cualquier periódico.

viernes, 11 de agosto de 2017

NOVELAS DE CEUTA (4). NOVELAS DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (4): LAS AVENTURAS DE PEPE EL DE CEUTA y EL CAPITÁN INTERVENTOR de ENRIQUE HIDALGO GÓMEZ.

HIDALGO GÓMEZ, Enrique: Las aventuras de Pepe el de Ceuta (Ciudad Autónoma. Archivo Central. Ceuta 2002. 261 páginas).
-          El capitán interventor. Marruecos español 1945 (Aljaima. Málaga 2003. 256 páginas).
   Enrique Gómez Hidalgo, de familia ceutí, nació en Larache donde pasó muchos años de su vida en Larache, como funcionario encargado de los bienes que el Estado español mantenía en Marruecos. Por tanto, conoce bien las dos ciudades y la vida en ellas. De Ceuta habla poco, algunas pinceladas de la vida en la ciudad y presidio a finales del siglo XIX. En realidad, hay muy poca literatura sobre Ceuta.  

    En Pepe el de Ceuta, el protagonista se traslada a Larache de manera casi involuntaria, por puro azar. Lo que hace que la novela se convierte en el relato de Larache, de su historia, su crecimiento y la vida de los primeros españoles que llegaron a la ciudad, sobre todo a partir de que las tropas españolas la tomaran en 1911. Esas historias familiares de luchadores anónimos, algunas de las cuales las cuenta Manuel Gago Alario en su libro Pioneros de Larache (2014), son el sustrato del libro. En este aspecto, Las aventuras de Pepe el de Ceuta es un antecedente de La ciudad del Lucus de Cazorla Prieto (http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com.es/2013/04/novelas-de-luis-maria-cazorla-prieto.html).
 Ceuta: cuartel de El Serrallo
   Las aventuras de Pepe el de Ceuta es una novela crónica de una etapa del protectorado. El autor es cronista de unos hechos en los que se vale del personaje. Relata con un lenguaje sin pasiones, a veces administrativo, los primeros tiempos de la ocupación española de Larache, la inevitable confrontación entre El Raisuni y el coronel Fernández Silvestre, y el modo de vida de los primeros españoles que se establecieron en la ciudad. Las incomodidades, los sacrificios, las tragedias de la población anónima. Y las relaciones con los habitantes del país, en las que el autor se detiene con varios episodios en los que trata de encerrar la situación de poder, desorden y dominio del momento cuando se iba a producir el enfrentamiento entre dos poderes.

    El autor no es un novelista distanciado de la historia, sino que toma partido. Frente a algunos autores que piensan que el acuerdo con El Raisuni hubiera supuesto la paz en la parte occidental del Protectorado español, otros opinan que la personalidad del caudillo marroquí haría que el pacto quedara en papel mojado enseguida. Por eso Hidalgo nos muestra  a un líder carismático pero arbitrario, cruel y déspota. Y una región sometida al abuso, la inseguridad y la crueldad de castigos. Frente a esto, la llegada de europeos hizo que se abrigara la esperanza del orden y la seguridad. Y en esto consiste la moraleja de la novela que termina con un capítulo que nos narra las peripecias de Pepe como prisionero esclavizado. Y ese mismo ambiente es el que da paso a la segunda novela.

    El final de la primera novela nos parece un poco forzado, como terminado con prisas y sin extenderse en las circunstancias, a pesar de ser un libro con exceso de minucias. Pero este final suspendido quizás tenga que ver con el proyecto del autor en escribir la segunda novela –El capitán interventor- en la que reconoce (en la contraportada) que es la continuación de la primera. Y que se trata de un relato ameno en el que se descubre mucho de lo que el autor vivió y presenció en su vida en Marruecos, formas de vida y de relación. Tal vez peca de exceso de descripciones de viviendas y de comidas y tés que resultan reiterativas y prescindibles, abundante en detalles que no añaden nada a la acción. El relato deriva por caminos etnográficos. Por lo demás, es un ejercicio de recuerdos (como la primera), escrito con sencillez y con honradez.

   Hidalgo mantiene una tesis personal, la manera en la que él vivió en Marruecos antes y después de la independencia, en la que resalta los valores de la cooperación y la convivencia normal entre españoles y marroquíes. El capitán interventor, en esta línea, es la indagación sobre un español desaparecido en la guerra y otro convertido voluntariamente al Islam. Visto con normalidad dentro de una pequeña comunidad marroquí. Un canto a los habitantes de las cabilas y a los interventores españoles que compartieron con ellos los días de aquella época.


viernes, 14 de julio de 2017

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (4): AIXA de LUIS PÉREZ LOZANO, LUNA DE TETTAUEN de ALFREDO CARMONA

PÉREZ LOZANO, Luis. Aixa. Novela de costumbres marroquíes (Editorial Sempere. Valencia 1925. 330 páginas + 2 hojas).
CARMONA, Alfredo: Luna de Tettauen. Novela de amor al margen del Protectorado (Editorial Caro Raggio. Madrid 1926. 293 páginas. + 2 hojas. Prólogo de Enrique Gómez Carrillo).

    La novela exotista colonial es un subgénero que tuvo cierto predicamento entre los escritores ocasionales que soñaban ser Pierre Loti. Es una manera de novelar de funcionarios, militares y misioneros. Personas que conocían el país, que se sintieron atraídos por lo diferente sin dejar el sentimiento de superioridad europea, que creyeron en la misión colonizadora sin críticas y que pensaron que lo que ellos vieron podía ser interesante para el lector metropolitano curioso por lo que se vivía en ultramar. Fue una temática temprana en el Protectorado, propia de los primeros años hasta que la guerra cruel cambió el gusto o el interés de escritores y lectores. En este tipo de novela hay mucho de reportaje periodístico, de narración de costumbres pintorescas dibujadas con la suficiente distancia como para quedarse solo con lo grueso, bastante de comparación de civilizaciones propia de los colonialistas y un poco de desprecio hacia el modo de vida –mejor dicho, hacia ciertas facetas del modo de vida- de la población local, fundamentalmente lo referente a supersticiones, vida privada, trato a la mujer, ejercicio abusivo del poder,  arbitrariedad en la justicia y otras cuestiones parecidas que debió ser el sustrato generalizado de las conversaciones domésticas sobre el mundo colonial.
   Dentro de esta tendencia exotista hay una especial predilección por el amor interracial. La seducción que las mujeres marroquíes ejercían sobre los militares españoles, jóvenes que empezaban a vivir independientes, que tenía toda la fuerza de la juventud y que llegaban de una sociedad en las que las mujeres todavía pretendían mantener la virginidad hasta el matrimonio. La mora era el escape y la fantasía. Divagaban los autores sobre amores en situaciones en que las mujeres marroquíes, sojuzgadas por sus hombres, caían rendidas ante los españoles que las trataban mejor. Con independencia de la falsedad de este tópico, porque en realidad los militares españoles se conformaban con prostitutas, hay en ese motivo una parábola de la colonización tal y como la entendían: la débil colonizada se entrega al fuerte colono porque entiende que es superior y su modo de vida también.
   Hay algunas novelas escritas por militares. Dos ejemplos:
   Luis Pérez Lozano fue interventor militar. Tiene algunas publicaciones: la conferencia sobre Ifni-Sahara en el Curso de Interventores de 1948 (Tetuán 1948) y otra titulada La impronta hispánica en la educación y cultura de Marruecos durante medio siglo de Protectorado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas el día 14 de febrero de 1962 y publicada en Archivos del IDEA nº 64. También fue guionista de Em-Nar, la ciudad de fuego (1951) dirigida por José González de Ubieta, una película de aventuras africanas. Su novela Aixa, escrita en 1922 y publicada en 1925, es fruto de su primera experiencia, recién salido de la Academia y destinado a Tetuán (Beinatz en la novela). El libro está escrito correctamente, pero con mucho detenimiento en los aspectos puramente etnográficos en detrimento de la acción. Las primeras cien páginas es un recorrido casi turístico sobre costumbres moras, entendidas a la manera de los militares jóvenes españoles que vivían en república en Tetuán. Después hace un lento resumen del descubrimiento de la mujer que se enamora. Este tipo de narración hoy aburre porque el conocimiento del país y sus costumbres de obtiene rápidamente por otros medios. Pérez Lozano es un joven fascinado por un mundo nuevo y trasmite su fascinación, pero poco más. Cerca de la página 200, empiezan las escenas de guerra en Yebala de las que debió de ser testigo. Hay más emoción, más sentimiento. Pero no deja de ser una novela con poco argumento, una narración de batallitas entre compañeros. Y el trasfondo de la atracción que ejerce Aixa sobre él y que nunca culmina.
   Alfredo Carmona fue un periodista de cierta fama, colaborador de revistas como Blanco y Negro. Antes fue oficial del Ejército destinado algún tiempo en Marruecos; después comenzó a escribir en El Liberal de Sevilla (donde había nacido en 1875) y luego pasó al ABC de Madrid como periodista de batalla, gacetillero y redactor anónimo. Murió el 6 de noviembre de 1939. Fue autor de algunas obras de teatro y novelas. En concreto la que se refiere al Marruecos colonial, Luna de Tettauen, fue publicada en 1926 (en el libro no aparece la fecha pero la tomamos de la recensión que publicó en diario ABC. Como prólogo, reproduce un artículo de Gómez Carrillo dedicado a la ciudad de Fez.
   Carmona escribió la novela de lo que había conocido, la vida del militar en Marruecos. Con todos los logares comunes y todas las fantasías habituales, entre ellas la erótica. El militar conoce a la mora en un mercado y, sin más, surge el flechazo: Veinticinco años reprimidos en su fuego por la virtud forzosa de los campamentos, son causa bastante para que una imaginación sedienta de aventuras acuda al señuelo de unos ojos que han mirado tiernamente, aunque la poseedora vaya envuelta en el ropón sin forma de las moras, y ella pertenezca a raza tan amurallada contra el amor como la árabe (página 30).

   Luna de Tettauen es una novela que gira en torno al enamoramiento de un oficial y una mora joven y casada. Una historia convencional en la novela exotista del Protectorado. No hay más emoción que las reacciones del marido burlado y alguna historia de amoríos paralelos. La traición, el miedo, el fatalismo que estos autores ven en lo árabe. En este caso, los amores no terminan en boda sino en violencia y olvido. Un militar le dice a otro, como resumen de la filosofía del relato: Hay que olvidar el encanto de estas mujeres… Esta vida no es para los europeos. Aquí está uno siempre a pique de perder la cabeza, después de perder el corazón… (página 288).
Blanco y Negro nº 2184, 23 abril 1933

   Ambas novelas tratan de una fascinación erótica, de amores incumplidos, de ensoñaciones de adolescentes y de tragedia del destino que impide, en definitiva, a los autores dar un final que la sociedad española lectora de estos libros no iba a admitir: Una cosa era la diversión y otra el compromiso.

martes, 27 de junio de 2017

LAS NOVELAS DE MALABO (4): TINIEBLAS de FERNANDO GAMBOA.

GAMBOA, Fernando: Tinieblas (Autoedición 2016. Impreso en Polonia para Amazon. 514 páginas)

   Fernando Gamboa es un escritor nacido en Barcelona en 1970 que prefiere la edición independiente, no sé si por desencuentros y hartura de las editoriales o por decisión voluntaria. En 2008 publicó (en la editorial El Andén) la novela Guinea que, por no tener un argumento de época colonial, no ha sido mencionada en este blog. Después se ha dedicado al género de aventuras, creando relatos entretenidos, llenos de acción, con personajes bien creados dentro del género y con capacidad para enganchar al lector. Uno de sus héroes es el capitán Riley, protagonista de esta novela. Tiene una página web para el que quiera ampliar información: http://www.gamboaescritor.com/
   La novela Tinieblas se desarrolla parcialmente en la antigua Guinea española. El autor toma como argumento un hecho real que luego derivará en una historia de espionaje, acción y misterio imaginada. Durante la II Guerra Mundial, se refugiaron en el puerto de Santa Isabel un barco italiano y dos alemanes, huyendo de los aliados que dominaban los mares de África. A principios de 1942 los británicos, en una audaz operación se hacen con el barco italiano Duchessa d’Aosta e inutilizan los dos alemanes aprovechando la celebración de una fiesta en la ciudad colonial española. Los detalles de la operación se pueden leer en alguna página web como 

El Duchessa d'Aosta en Guinea

   El asunto es suficientemente atractivo para un novelista y Gamboa lo sabía al escribir la novela. Es una situación histórica compleja llena de acontecimientos. El autor utiliza sus personajes de la serie narrativa, con caracteres bien definidos y personalidades que dan juego en las situaciones complicadas. La novela comienza en Estados Unidos y lentamente va metiendo al lector en el juego de complicidades y rivalidades, amistades y enemistades que surgen en una situación bélica. Aunque no es un relato de acción trepidante como los que se escriben ahora, no le falta habilidad al escritor para ir introduciendo elementos nuevos en el desarrollo de la trama que mantengan al lector en la atención necesaria para una novela de aventuras. Poco antes de la mitad de la novela, resuelto el negocio que los llevó a Fernando Poo, la novela se marcha al Congo.



   En algunas páginas se dan pinceladas de lo que pudo haber sido la vida sin entrar en mucho detalle ni detenerse en aspectos puramente coloniales. No es el asunto del libro. En definitiva, un libro para los amantes de las lecturas amenas y de las novelas clásicas de aventuras.

viernes, 16 de junio de 2017

NOVELAS DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (3): EL HONOR DEL GUERRERO de ADOLFO HERNÁNDEZ LAFUENTE

HERNÁNDEZ LAFUENTE, Adolfo: El honor del guerrero (Cálamo. Madrid 2004. 461 páginas).

   Hernández Lafuente es un alto funcionario nacido en Ceuta, conocedor del Protectorado y autor de tres novelas aunque solo ésta sea de ambiente colonial. Sabe que abordar en la novela en final del colonialismo hispano-francés en Marruecos era un tema casi inédito y aprovechable y publicó en 2004 El honor del guerrero, que ofrece un relato de esta época en varios planos. En primero lugar, la situación personal del coronel protagonista, su visión de las cosas y su colocación histórica ante unos hechos inevitables. Por otro lado, los acontecimientos que se vivieron en los años cincuenta del siglo XX en Marruecos cuando el nacionalismo marroquí, bien organizado, comprende que están ante el final de la intervención del país por los europeos y se deciden a dar la batalla política final para lograr la independencia y gobernar el país. La acción de los servicios de información españoles, militares, y su relación con los falangistas que en esa época todavía gozaban de un gran poder. Por último, la actitud de España y Francia ante los acontecimientos.

   El honor del guerrero es una novela seria, sin concesiones al lector que busca aventuras, intriga y acción en escenarios exóticos y momentos históricos especialmente convulsos. Pero no es un thriller típico, aunque a veces utilice esa técnica narrativa. Es una novela con gran contenido político que quizás requiera de conocimientos de los acontecimientos para comprenderla. Una novela que merece una lectura pausada para comprender todos los detalles que trata. Porque el autor no solo escribe sobre el final del Protectorado, los intentos de prolongarlo con diversas fórmulas y las rivalidades franco-españolas, sino que aborda otro tema apasionante como es el poder del nacionalismo marroquí y su enfrentamiento con el modo tradicional del gobierno del Marruecos rural. En sus páginas aparecen El Glaui y el general Ufkir y sus intrigas frente al naciente Istiqlal que dominaba al sultán Mohamed V. En cada bando (españoles, franceses y marroquíes) hay divergencias y contrariedades, no son bloques monolíticos y los intereses no siempre coinciden. En el bando español, la rivalidad entre los servicios secretos del Ejército y los de Falange ponen de relieve la lucha por el poder en la España franquista.


    Más allá, el autor también quiere dar una imagen compleja del Protectorado. En el caso español, un territorio poco rentable económicamente y, en consecuencia, excesivamente militarizado y funcionarizado. Un colonialismo suave con el natural de las tierras y con cierta tolerancia hacia los nacionalistas. En ese mosaico, el autor sabe que la figura del interventor, una élite militar, merece un singular detenimiento. Hay varias páginas donde se refiere a ellos y a su manera de comprender el colonialismo, concretándolo en la figura del coronel Vega (uno de los protagonistas):
   Algunos de nosotros éramos gentes que hacíamos imposibles, porque carecíamos de los medios necesarios para realizar la empresa que llevamos a cabo. Con los reducidos capítulos que nos asignaban del presupuesto y con un ejército de alpargatas, nos atrevimos a convertir este territorio en un país moderno. Y ese esfuerzo nos vinculó a esta tierra. Amábamos nuestra jurisdicción porque estábamos unidos a ella (página 76).
   Estaba convencido de la veracidad de la obra del Protectorado: llevar a cabo la administración del país apoyándose sinceramente en los cuadros naturales; preocupándose de la formación de aquellos hombres; ejerciendo la intervención de sus gestiones de manera discreta y leal, pero también firmemente; asegurando la colaboración y la asociación constante e íntima del protector y del protegido para el estudio y solución de los problemas (páginas 91 y 92).
   Hernández Lafuente aprovecha el final de la etapa colonial en Marruecos para presentar un literario balance del colonialismo. Hay un resto bueno de aquella época, unas obras que quedaron para aprovechamiento de los marroquíes. Aunque se hicieran con imposición, a la fuerza. Incluso aunque se hicieran para aprovechar, en primer lugar, a los propios colonos que explotaban el territorio: Veintitantos años atrás aquél era un paso inseguro. Comunicaciones fiables, transporte, comercio y seguridad habían llegado con los españoles, en su acción benefactora. Pero, ¿quién se beneficiaba más de estos adelantos? (página 233).

   La riqueza de situaciones, de personajes y de acciones resume un momento histórico irrepetible.

viernes, 2 de junio de 2017

NOVELAS DE LA GUERRA DE ÁFRICA DE 1859-60 (3): ¡A LA BAYONETA! ¡VIVA LA REINA! MEMORIAS DE UN SOLDADO DE LA GUERRA DE ÁFRICA (1859.1860) de SALVADOR ACASO DELTELL.

ACASO DELTELL. Salvador: ¡A la bayoneta! ¡Viva la Reina! Memorias de un soldado de la guerra de África (1859-1860) (Archivo General. Ceuta 2011. 573 páginas).


   Acaso es autor de una obra de divulgación sobre la guerra de África: Una guerra olvidada. Marruecos 1859-1860. Pero nos llama la atención que la novela que dedica al mismo tema sea mucho más voluminosa que la historia. Quizás haya calculado mal la extensión y se ha pasado en el número de páginas. Porque tarda 175 páginas en llegar a África, el resto es un largo y pormenorizado relato de mili en el que recrea cualquier detalle minio y se extiende en circunstancias que añaden muy poco a la acción y tienden a diluir la atención del lector.


  Por lo demás es una narración muy minuciosa (hasta el exceso), bien documentada y lineal de la Guerra de 1859-60, en la que los soldados desarrollan la actividad normal de los campamentos y de las acciones de guerra y van desgranando los pequeños detalles de sus vidas particulares. Y con el final rematado con la vuelta de los supervivientes a sus lugares de origen.


viernes, 19 de mayo de 2017

NOVELAS DE SIDI-IFNI (4): TERRITORIO de MIGUEL SÁENZ.

SÁENZ, Miguel: Territorio (Editorial Funambulista. Madrid 2017. 231 páginas + 2 hojas. Postfacio de Eduardo Gallarza. Portada: acuarela del autor).

   La solapa del libro nos informa de que Miguel Sáenz Sagaseta de Ilúrdoz nació en Larache, es doctor en Derecho, traductor, funcionario internacional, etc. Vivió veintiún años en África y de esa experiencia resulta esta novela. Sus estancias en Marruecos (primero Tánger, después Sidi Ifni) se debieron a que el padre era militar y tuvo destinos en esas plazas. Como correspondía a un militar interventor (que era la élite de la milicia española en el Protectorado), el padre -Basilio Sáenz Aranaz- publicó un interesante trabajo sobre el régimen de tierras.

   El relato es una remembranza bien escrita de su existencia infantil y juvenil en la pequeña ciudad de Sidi Ifni. Una larga reflexión nostálgica, más recuerdo que novela, sobre los días en la colonia; desde la descripción del territorio humano a la introspección. La descripción es muy afortunada: la situación de aislamiento, la extraña vida colonial que no se asemejaba a nada, el trato con el natural del lugar –con el indígena, palabra que Sáenz considera injustamente tratada-. El territorio marcaba grandes diferencias entre españoles y baamarainis y, dentro de los españoles, entre oficiales y suboficiales y los civiles asimilados a uno u otro grupo. Indudablemente, el sistema social del Territorio era aberrante, pero a todo el mundo le parecía natural y funcionaba sin fricciones (página 52). Las dos sociedades convivían con respeto, seguramente con mutua incomprensión y con líneas imaginarias que no se traspasaban. Extraña sociedad la ifneña. Pero amable y tal vez en definitiva, cordial (página 56). Y el autor, sin el eterno prejuicio hacia lo colonial como maldad absoluta que tiene gran parte de la intelectualidad española, nos hace ver que muchos de los españoles que estaban allí lo hacían por servicio, creyendo que ayudaban al desarrollo del territorio y sin vocación esclavista o conquistadora. Entre ellos, el padre del escritor. No se puede revisar la naturaleza de la colonización como un método de dominio totalitario, no quiero decir eso ni contradecir a estudios clásicos como el de Hanna Arendt, pero sí que hay que reconsiderar las relaciones humanas entre colonos y colonizados en la que hubo de todo, incluyendo algunas muy positivas.
Calle de Sidi Ifni, óleo de Ferrer Carbonell
   El autor extiende sus recuerdos sin convertirse en héroe. Se nos muestra como un chico retraído, muy tímido, que se asoma a la vida con mucha precaución. Interesado por la actividad intelectual y el arte, elabora su memoria de Ifni como una unión de hechos familiares cotidianos sin batallas ni situaciones extraordinarias. Por eso resulta grato: por su carga de ternura, de interpretación de la familia normal española de la época y del modo de vida peculiar que se llevaba en un lugar tan apartado. No desdeña pararse en los problemas como las enfermedades, las carencias y -al final- la guerra. El valor del libro es que ha reflejado con  sinceridad los sentimientos sencillos. En este sentido, Gallarza en el postfacio recuerda a Georges Arnaud y nos dice: … en temas de infancia, la verdad no existe: importa que el recuerdo sea sincero, no veraz (página 226).

   

viernes, 12 de mayo de 2017

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (15): NO QUIERE MORIR y ÁGUILAS DE ACERO de ANTONIO CASES

CASES, Antonio: Los amores de Alfonso Reina (Imprenta de Artes y Letras. Madrid 1923. 220 páginas + 2 hojas).
-          No quiere morir (Novela heroica). (Imprenta de Félix Moliner. Madrid 1924. 211 páginas + 1 hoja. Portada de Climent).
-          Águilas de acero. (Imprenta Martosa. Madrid s.a. 209 páginas + 2 hojas).

   Antonio Cases fue un abogado que escribió varias obras de temas jurídicos y un novelista con más de media docena de títulos. Fue también periodista o colaborador de prensa. Y de esta colaboraciones surgieron otros libros: Tánger, dignidad nacional (1922) en el que recopiló las entrevistas realizadas a personalidades nacionales sobre el contencioso tangerino y que se publicaron en el diario Marte en 1915; Al nivel (pedagogía y Marruecos) (1923) o Con el índice en el mapa.

    Cases se interesó por marruecos en algunos de sus artículos y en dos de sus novelas. En esta línea, está escrita No quiere morir, un relato de exaltación patriótica tras los acontecimientos en Marruecos. La primera edición de la novela llevó el título de Los amores de Alfonso Reina. Pero no debió gustarle el resultado a Cases que se puso a corregirla y pulirla. Lo confiesa en el prólogo: El novelista fue más allá de lo que la prudencia aconseja… Se olvidó de muchas cosas porque, sin duda, tuvo presente tan solo su condición de escritor. ¡Y es que la vanidad ciega! Con el dolor del padre que sacrifica a si hijo, he destruido la novela original y doy ahora a la luz pública esta otra, podada, mutilada, revocada si se quiere, libre, en fin, de las exuberancias y de los impulsismos de quien para seguir andando no se cuidó de mirar hacia atrás…. (páginas 11-12). No debió destruir todos los ejemplares porque algunos ruedan por las librerías de lance todavía.

   La intención del autor, que fue procesado por masón después de la Guerra Civil, está clara desde las primeras páginas. Defiende la visión ortodoxa de la bondad colonial, propia de la época, y desprecia las agresiones rifeñas contra los españoles. En esos momentos era un ferviente defensor del golpe de Primo de Rivera, quien dedica palabras elogiosas al autor. Se había derrumbado parte del prestigio militar del pueblo más militar del mundo. Un ejército fuerte se veía arrollado por turbas a quienes enloquecía el pillaje y el afán de venganza. Kilómetros y kilómetros eran abandonados por tropas que caían enseguida en poder de tribus salvajes que ejercitaban en aquéllas su ferocidad musulmana. ¡Marruecos! (página 19). Se encuadraba dentro del sector patriota de defensores de la intervención e Marruecos y de la guerra como solución definitiva para la pacificación.


   La novela transcurre en Zamora en 1921. Una pequeña ciudad provinciana en la que varios personajes notables se encuentran para hablar de la campaña de Marruecos. Podría haber ideado una intriga sobre la situación de combatientes desaparecidos sobre los que nada se sabía y la angustia de sus allegados. Pero la técnica es más simple. Es una novela de conversadores, de opiniones que –al final- parece ser la misma opinión del autor con algunos matices. De la lectura se extraen varias conclusiones:

·         La situación a la que se llegó es fruto de una larga serie de errores y negligencias de los políticos, más interesados en su posición personal que en el interés de la patria.
·         Que en ese punto los militares tienen que acudir a poner orden y restaurar el honor nacional y la seguridad. Un guiño claro al dictador Primo de Rivera por un escritor que había publicado varios ensayos de contenido militar. Y que escribe al final del libro con un epílogo de dos frases: ¡Y el cambio vino!  Lo trajo el destino de una nación que no quiere morir… (página 213).
·         Que la restauración del honor se consigue con el sacrificio de muchas personas que componen el ejército en África, desde el más alto general al último recluta. Pero el sacrificio es un deber del hombre ante la sociedad y debe asumirlo con orgullo.
   Es ejemplificador de esto el diálogo que pone fin a la primera parte de la novela:
-          Y de este modo, Santiago, si con tu regreso coincidiese el fin de la guerra… ¡qué glorioso sería nuestro amor!
-          Sí; porque, como yo, salen para África todos los soldados, y llevan fe en el triunfo.
-          Venguémonos, Santiago, de Annual, de Zeluán, de Nador, de Monte Arruit…
-          ¡Oh! Si pudiéramos borrar el pecado de ayer…, el pecado de cobardía, el pecado de incompetencia, el pecado de inmoralidad…
-          Y traer a los prisioneros, que eso es el entumecimiento de la Patria.
-          Yo creo que hoy, como hace siglos, cada soldado español lleva a África el orgullo de un rey.
-          Pero tal como los reyes antiguos, que no podían sobrevivir a su deshonor (página 89).
    Pero lo especial de Cases es su evolución personal y política y su cambio en la manera de ver los hechos. Cases publicaría después otra novela corta donde se refería a Marruecos. Águilas de acero –que da título al libro- es un relato publicado con otros tres en 1927 ó 1928 (el libro no pone fecha de edición). Se trata de una historia de aviadores sudamericanos que acaban en Marruecos. Pero la visión de Cases cambia, ya no es una novela de patriotismo sin crítica, sino que habla de la corrupción, de los negocios sucios y las malversaciones que se hacían con el dinero que el gobierno enviaba a país. La visión es pesimista, destructora. La ilusión colonial se había convertido, a los ojos del escritor, en un enorme foco de delito. Y el caudillo rifeño Abd el Krim en una sombra buscando una salida.

   Es interesante comparar esta evolución en un mismo escritor. Quizás la realidad pudiera con la ilusión y los hechos con los ideales. Cases no es un escritor brillante, su técnica es discursiva y sencilla. El lector no puede esperar hallazgos ni tensión, no hay sorpresas en la redacción. Es una muestra más de plasmación de la mentalidad colonial pero, en este caso, marcada por la evolución.